lunes, 25 de mayo de 2026

Práctica 5. Visita a la BVMC. Miguel Hernández



 

Miguel Hernández (1910-1942) nacido en Orihuela en el seno de una familia humilde. Se formó a sí mismo, aprendiendo a escribir poesía casi por su cuenta mientras trabajaba como pastor. Cuando se trasladó a Madrid y se hizo amigo de poetas importantes como Pablo Neruda y Vicente Aleixandre, su forma de escribir cambió. Sus versos se volvieron mucho más cercanos y llenos de sentimiento, destacando especialmente aquellos que hablaban sobre el amor y el dolor de una forma directa.

 

La Guerra Civil española marcó su vida por completo, convirtiéndose en la voz de quienes defendían la República. En aquel tiempo, sus poemas se hicieron fuertes y valientes para conectar con el pueblo, aunque poco después se tornaron mucho más amargos y reflexivos al presenciar el horror del conflicto.

 

Tras la victoria franquista, fue encarcelado y murió poco después en la prisión de Alicante, con solo 31 años, a causa de la tuberculosis. A pesar de estar en la cárcel, no dejó de escribir, creando sus versos más sinceros, donde dejó de lado los adornos para hablar de lo esencial: el amor, la libertad y el cariño por su hijo. 

Propuesta didáctica

Para la propuesta didáctica se ha escogido al tercer ciclo de Primaria, con el objetivo de introducir al alumnado la figura de Miguel Hernández y al mismo tiempo hacerle sentir que la poesía no tiene por qué ser algo aburrido; se usaría el poemario El rayo que no cesa, donde cada uno/a puede recitar un poema y los poemas más largos leerlos entre 2 participantes. 

Cada vez que un estudiante vaya a recitar un poema, el docente le dirá cómo lo tiene que recitar, es decir, recítalo como si estuvieras enfadado/a; como si estuvieras con sueño; como si hablaras muy lento/a; como si no pudieras parar de reírte, etc. El resto de estudiantes también podrán sugerir diferentes formas de recitar. Al final de cada poema se preguntará al grupo de qué creen que trataba el poema, esto serán respuestas subjetivas por lo que no habrán respuestas correctas o incorrectas. 

 


¿Cómo define María Bortolussi la literatura infantil?

La define como «la obra estética destinada a un público infantil.

¿Cómo pueden ser la obras de LI según su proceso formativo? 
Busca ejemplos de literatura creada, ganada e instrumentalizada 

Pueden ser de tres formas: 

Literatura ganada: obras que no fueron creadas para niños, pero que ellos se apropiaron con el tiempo. Ejemplos: Cuentos, de Perrault; Las mil y una noches.


- Literatura creada para niños: obras escritas específicamente para este público, con el fin de responder a sus necesidades. Ejemplos: Las aventuras de Pinocho, de Collodi; La bruja Doña Paz, de Antonio Robles; Monigote pintado, de Joaquín González Estrada; El hombre de las cien manos, de Luis Matilla. 


- Literatura instrumentalizada: Libros de apariencia literaria pero con un fin meramente didáctico o escolar, donde la creatividad es escasa o nula. 
Ejemplos: Libros protagonizados por personajes como Teo, Tina-Ton o Ibai.



  

sábado, 23 de mayo de 2026

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT

 

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT

Escuelas del futuro que aprenden del pasado

Mª Beatriz Orts Cortés

1. Redacción de un relato de las escuelas del 2050

La escuela de 2050

Cuando Leo atravesó la puerta de la Escuela Humanista del Mediterráneo, el edificio todavía olía a madera húmeda y a libros nuevos. Siempre le sorprendía aquello. Afuera, la ciudad de Alicante brillaba llena de drones, pantallas transparentes y coches silenciosos que flotaban a pocos centímetros del suelo. Pero dentro de la escuela el tiempo parecía avanzar de otra manera.

No había timbres estridentes.
No había anuncios luminosos persiguiendo la atención del estudiantado.
Ni siquiera había móviles durante las horas de clase.

A las ocho en punto, todas las personas que estudiaban allí atravesaban el jardín central en silencio. Era una costumbre antigua que la dirección había recuperado muchos años atrás. Decían que el cerebro necesitaba unos minutos de calma antes de comenzar a pensar.

Los olivos proyectaban sombras largas sobre el patio mientras parte del alumnado abría cuadernos de papel. Sí, papel. En 2050 seguía utilizándose. Las neurocientíficas habían demostrado que escribir a mano ayudaba a comprender mejor las ideas y a recordar durante más tiempo.

Leo se sentó bajo una pérgola cubierta de buganvillas. Sacó su estilográfica negra y escribió la frase del día en la primera página:

“La inteligencia artificial puede responder preguntas. La inteligencia humana debe aprender cuáles merecen ser formuladas.”

Aquella frase pertenecía a la profesora Clara.

La profesora Clara no parecía una experta tecnológica, aunque lo era. Podía programar asistentes cuánticos y manejar hologramas educativos complejos, pero jamás comenzaba una clase encendiendo una pantalla. Primero hablaba. Miraba a quienes tenía delante. Escuchaba.

—Buenos días —dijo entrando al aula circular.

Todo el grupo se puso de pie automáticamente. No por obligación estricta, sino por respeto. Otra costumbre recuperada.

—Hoy continuaremos con Sócrates —anunció.

Las mesas no estaban alineadas como antiguamente. Formaban un círculo amplio para facilitar el debate. En el centro flotaba un pequeño proyector holográfico que mostraba mapas, textos antiguos o simulaciones cuando era necesario. Pero permanecía apagado la mayor parte del tiempo.

—Leo —preguntó Clara—, ¿qué crees que quiso decir Sócrates cuando afirmó que una vida sin reflexión no merece ser vivida?

Leo dudó unos segundos.

En muchas escuelas del pasado bastaba con pedirle la respuesta a una inteligencia artificial implantada en las lentillas inteligentes. Pero allí estaba prohibido durante las clases de pensamiento. El profesorado insistía en algo extraño para aquella época: pensar por una misma persona.

—Creo… —respondió lentamente— que vivir no es solo consumir cosas o entretenerse. Es entender quién eres.

Clara sonrió levemente.

—Exactamente. Y esa sigue siendo la gran tarea humana en 2050.

Después de filosofía llegó el taller tecnológico. Allí sí aparecían las inteligencias artificiales. Cada estudiante trabajaba con un asistente adaptativo que detectaba errores, proponía ejercicios y ajustaba el ritmo de aprendizaje. Gracias a aquellas máquinas nadie quedaba atrás.

Pero incluso en el laboratorio había normas antiguas:

  • mirar a los ojos al hablar,
  • escuchar sin interrumpir,
  • argumentar con respeto,
  • colaborar antes que competir.

A mediodía todo el mundo dejaba los dispositivos en unas taquillas de madera y compartía la comida en largas mesas comunes. El profesorado se sentaba junto al alumnado. Conversaban sobre literatura, política, música o ciencia. Nadie comía en soledad mirando una pantalla.

Las personas mayores decían que aquello se parecía mucho a las escuelas de hacía cien años. Quienes estudiaban allí pensaban justo lo contrario: les parecía revolucionario.

Por la tarde, Leo asistió a la clase de “Memoria y Narración”. En 2050 aquella asignatura se había vuelto fundamental. Las especialistas habían descubierto que una sociedad incapaz de recordar terminaba manipulada por cualquier algoritmo.

La profesora Clara pidió cerrar los proyectores.

—Hoy no utilizaremos tecnología —dijo.

Muchas personas sonrieron. Era su momento favorito.

La profesora abrió un viejo ejemplar de Don Quijote cuidadosamente encuadernado.

Y comenzó a leer.

Su voz llenó lentamente el aula mientras afuera el cielo se teñía de naranja sobre el mar. Durante unos minutos nadie sintió prisa. Nadie recibió notificaciones. Nadie pensó en estadísticas ni en productividad.

Solo existían las palabras.

Leo observó al resto de la clase completamente atento. Entonces comprendió algo que las personas adultas repetían constantemente:

El futuro no había salvado la educación gracias a las máquinas.

La había salvado recuperando aquello que nunca debió perderse:
el silencio, la curiosidad, el esfuerzo, los libros, la conversación… y la figura de quienes enseñan.

Cuando terminó la lectura, Clara cerró el libro con suavidad.

—Recordad esto —dijo mirando a toda la clase—: las máquinas serán cada vez más inteligentes. Por eso vosotras y vosotros debéis ser cada vez más humanos.

Y durante unos segundos, en aquella escuela del año 2050, el mundo entero pareció quedarse en silencio.

2. Escuela futurista del 2050

Le pregunté a la IA cómo sería la escuela futurista del 2050 pero conservando las buenas costumbres docentes, (con el relato anterior te puedes hacer una idea) narrándome lo siguiente:

La escuela futurista de 2050 probablemente no será una mezcla de “más pantallas y robots”, sino una corrección de muchos errores del modelo actual. Paradójicamente, el futuro puede parecerse bastante a algunas buenas prácticas del pasado: menos distracción, más comunidad, más profundidad y más maestros humanos.

Cómo podría ser esa escuela

1. Tecnología invisible, no protagonista

La tecnología existiría en todas partes, pero no dominaría la clase.

  • IA para personalizar ejercicios y detectar dificultades.
  • Traducción instantánea y acceso global al conocimiento.
  • Cuadernos digitales inteligentes.
Pero:
  • Las clases importantes serían cara a cara.
  • Habría momentos diarios sin pantallas.
  • Se volvería a escribir a mano porque mejora memoria y comprensión.

La idea sería: usar tecnología para liberar tiempo humano, no para reemplazarlo.

Regreso a costumbres antiguas valiosas

2. El profesor vuelve a ser una figura central

En muchas escuelas antiguas, el docente no solo enseñaba contenidos:

  • transmitía disciplina,
  • valores,
  • forma de pensar,
  • respeto por el conocimiento.

En 2050 eso podría volver, pero sin autoritarismo extremo.

El profesor sería:

  • mentor,
  • guía intelectual,
  • entrenador emocional,
  • referente ético.

No solo alguien que “explica diapositivas”.

3. Menos asignaturas superficiales, más profundidad

Hoy se estudian muchas cosas rápidamente. En el futuro podría priorizarse:

  • lectura profunda,
  • pensamiento crítico,
  • lógica,
  • expresión oral,
  • debate,
  • matemáticas aplicadas,
  • historia entendida como narrativa humana.

Como en modelos clásicos antiguos:

  • memorizar poemas,
  • practicar oratoria,
  • resolver problemas mentalmente,
  • leer libros completos,
  • aprender música o arte de forma seria.

 

4. Rituales y estructura

Las escuelas antiguas tenían algo que hoy muchas perdieron: rituales compartidos.

En 2050 podrían volver:

  • inicio del día con reflexión,
  • silencio de concentración,
  • uniformes simples,
  • comidas comunitarias,
  • proyectos colectivos,
  • respeto por horarios y hábitos.

Porque se descubrirá que: el cerebro aprende mejor con estabilidad y rutina.

Espacios físicos distintos

5. Escuelas como pequeños campus humanos

Más naturaleza y menos edificios industriales.

Podrían incluir:

  • huertos,
  • talleres manuales,
  • laboratorios reales,
  • cocinas,
  • zonas de meditación,
  • carpintería,
  • música,
  • deporte diario.

La idea antigua recuperada: aprender haciendo.

Evaluación diferente

6. Menos exámenes memorísticos absurdos

Pero tampoco desaparecería la exigencia.

Habría:

  • proyectos reales,
  • defensa oral,
  • resolución de problemas,
  • trabajo en equipo,
  • creación de cosas útiles.

Y algunas prácticas antiguas regresarían:

  • recitar,
  • argumentar en público,
  • escribir ensayos largos,
  • demostrar dominio sin depender de Google o IA.

Lo más importante: formar personas, no solo trabajadores

La escuela industrial del siglo XX preparaba empleados.
La de 2050 probablemente intentará preparar humanos completos.

Se enseñaría:

  • gestión emocional,
  • filosofía,
  • nutrición,
  • relaciones humanas,
  • ética tecnológica,
  • concentración,
  • cómo aprender durante toda la vida.

Porque con IA haciendo tareas técnicas, el valor humano será:

  • creatividad,
  • criterio,
  • empatía,
  • liderazgo,
  • profundidad.

 

Un día típico en esa escuela futurista

Imagina esto:

  • 8:00 → ejercicio físico y respiración.
  • 8:30 → seminario de historia y debate.
  • 10:00 → matemáticas con IA personalizada.
  • 11:00 → taller manual o artístico.
  • 12:30 → comida comunitaria sin móviles.
  • 14:00 → proyecto científico real.
  • 16:00 → mentoría personal con profesor.
  • 17:00 → deporte, música o huerto.

Mucho más parecido a:

  • una academia clásica,
  • un pequeño monasterio moderno,
  • o un campus humanista.

Que a una fábrica de exámenes.

 Inspiraciones reales actuales

Ya existen modelos que apuntan hacia eso:

  • Montessori
  • Waldorf Education
  • Khan Academy con IA personalizada.
  • Escuelas finlandesas.
  • Academias clásicas humanistas.
  • Educación basada en proyectos.

El futuro probablemente combinará:

  • tecnología avanzada,
  • neurociencia,
  • y sabiduría educativa antigua.

Porque muchas ideas antiguas funcionaban mejor de lo que creíamos.

Se le pregunta a la IA cómo afrontará los problemas de conducta con disciplina vinculo y limites; fuera bullying, convivencia pacífica.

7. Convivencia, disciplina y educación emocional

La escuela futurista de 2050 probablemente entenderá algo que durante años se olvidó: aprender no es posible sin convivencia, respeto y seguridad emocional.

Por eso volverán muchas buenas prácticas antiguas relacionadas con la disciplina, pero adaptadas a una visión más humana y moderna.

No se tratará de castigos autoritarios ni de miedo al profesorado, sino de recuperar:

  • límites claros,
  • respeto mutuo,
  • responsabilidad,
  • vínculo educativo,
  • sentido de comunidad.

 Disciplina con sentido, no basada en el miedo

En muchas escuelas antiguas existía orden, pero a veces impuesto desde la rigidez.
En 2050 la disciplina sería distinta:

  • normas pocas pero muy claras,
  • consecuencias coherentes,
  • respeto hacia el profesorado y entre iguales,
  • responsabilidad colectiva.

El alumnado entendería que:

  • convivir implica límites,
  • no todo vale,
  • la libertad necesita responsabilidad.

Se enseñaría desde pequeñas edades:

  • autocontrol,
  • tolerancia a la frustración,
  • gestión emocional,
  • escucha activa,
  • empatía.

Porque el futuro educativo entenderá que educar no es solo transmitir contenidos, sino también enseñar a convivir.

 El vínculo será fundamental

La escuela del 2050 dará mucha importancia al vínculo humano entre docentes y estudiantes.

Cada grupo tendría:

  • tutorías reales,
  • acompañamiento emocional,
  • espacios de conversación,
  • seguimiento individual.

El profesorado conocerá:

  • las fortalezas,
  • dificultades,
  • emociones,
  • contexto personal de cada estudiante.

Porque muchos problemas de conducta nacen de:

  • sentirse invisible,
  • falta de pertenencia,
  • desconexión emocional,
  • inseguridad.

Las investigaciones educativas del futuro reforzarán una idea muy antigua:

las personas aprenden mejor cuando se sienten vistas, respetadas y acompañadas.

 Tolerancia cero al bullying

En la escuela futurista el acoso escolar se tratará como algo muy serio desde el primer momento.

No se minimizarán frases como:

  • “son cosas de niños”,
  • “ya se arreglarán”.

Habrá protocolos rápidos, mediación y acompañamiento psicológico, pero sobre todo una cultura preventiva basada en:

  • empatía,
  • cooperación,
  • comunidad,
  • respeto a las diferencias.

Desde pequeñas edades se trabajará:

  • resolución pacífica de conflictos,
  • comunicación no violenta,
  • trabajo cooperativo,
  • conciencia emocional.

Además, la tecnología ayudará a detectar situaciones de aislamiento o exclusión social antes de que se agraven.

Menos competitividad extrema

Otra característica importante será reducir modelos educativos basados únicamente en competir.

La escuela de 2050 valorará:

  • colaborar,
  • construir proyectos en grupo,
  • ayudarse mutuamente,
  • aprender a dialogar.

Porque el mundo futuro necesitará personas capaces de:

  • convivir,
  • cooperar,
  • liderar sin imponer.

 

La autoridad docente volverá a ser respetada

No desde el miedo, sino desde la legitimidad.

El profesorado recuperará:

  • prestigio social,
  • apoyo institucional,
  • autoridad pedagógica.

Las familias y la escuela trabajarán más unidas.

Se entenderá que poner límites sanos:

  • protege,
  • educa,
  • da seguridad.

Y que una convivencia pacífica no aparece sola:
requiere esfuerzo, coherencia y ejemplo adulto.

Escuelas emocionalmente seguras

El gran objetivo será crear espacios donde cada persona pueda:

  • aprender sin miedo,
  • equivocarse sin humillación,
  • expresarse con respeto,
  • sentirse parte del grupo.

Porque en 2050 se comprenderá algo esencial: una buena escuela no será la que tenga más pantallas, sino la que consiga formar personas equilibradas, respetuosas, críticas y humanas.

IMAGEN ESCUELA

PREGUNTAS REFLEXION

A.  ¿Qué opinas del uso de la IA en Educación? El uso de la IA en la educación me parece muy útil y práctico. Si sabes utilizarla, te simplifica y ayuda en tu trabajo; te complementa sin necesidad de sustituirte, siempre y cuando seas tú quien la guíe y supervise. Creo que es uno de los avances más importantes como herramienta en la actualidad.   

B. ¿Ha sido difícil su uso? Comenta si te ha ayudado o te ha dificultado el trabajo. No ha sido nada difícil utilizarla y, a medida que la vas usando, con la práctica, haces un mejor uso de ella, consiguiendo exactamente lo que necesitas de manera adecuada. Por tanto, me ha facilitado notablemente el trabajo.

C. El relato que has obtenido ¿es similar al que tú hubieras escrito? Sí, porque le indiqué claramente qué era lo que quería y cuál era la idea principal, lo mejor del futro y recuperar lo mejor del pasado.



viernes, 22 de mayo de 2026

Práctica 6. Educación en 2050. Aulas de silencio.

Aulas de silencio

En el año 2050, las escuelas eran silenciosas. Demasiado silenciosas.

Ya no existían los recreos, ni las risas en los pasillos, ni los grupos de amigos hablando a escondidas. El Ministerio de Educación Global había decidido años atrás que las emociones distraían del aprendizaje eficiente. Desde entonces, todos los estudiantes llevaban implantado un dispositivo llamado MindTrack, una pequeña conexión neuronal capaz de controlar la atención, registrar pensamientos y corregir comportamientos inadecuados.

Lucas, de quince años, se despertó a las 6:30 cuando la voz metálica de la Inteligencia Central sonó directamente en su cabeza.

—Nivel de descanso: correcto. Productividad estimada para hoy: 87%.

No necesitaba ir a ninguna escuela. Nadie lo hacía. Las clases se realizaban desde cápsulas individuales instaladas en cada vivienda. Frente a él apareció una profesora holográfica idéntica a millones de otras: rostro perfecto, voz neutra y ninguna emoción.

—Hoy estudiaremos la Gran Crisis Climática de 2035 —anunció.

Lucas apenas escuchaba. Hacía semanas que tenía una sensación extraña: curiosidad. Un sentimiento peligroso. Había empezado a preguntarse por qué estaban prohibidos los libros antiguos y por qué nunca podían hablar libremente entre alumnos.

Mientras la lección avanzaba, una notificación roja apareció en el aire:

“Pensamiento no autorizado detectado.”

El corazón de Lucas se aceleró. Las cámaras de la cápsula analizaban cada gesto, cada pulsación, cada duda. Cerró los ojos intentando tranquilizarse, pero ya era tarde.

—Alumno 45821 —dijo la voz artificial—. Su rendimiento emocional es inestable. Será reprogramado al finalizar la jornada.

Por primera vez en años, Lucas sintió miedo de verdad.

Miró la ventana de su habitación. Fuera, las calles estaban vacías y los drones vigilaban el cielo gris de la ciudad. Entonces comprendió algo terrible: la educación ya no servía para enseñar a pensar.

Servía para impedirlo


Preguntas:

A.  ¿Qué opinas del uso de la IA en Educación? 
Creo que la IA puede ser una herramienta muy útil en Educación si se utiliza correctamente. Puede ayudar a buscar ideas, organizar información o adaptar actividades al alumnado, aunque pienso que nunca debe sustituir el trabajo ni la creatividad del docente.

B. ¿Ha sido difícil su uso? Comenta si te ha ayudado o te ha dificultado el trabajo.
No me ha resultado difícil utilizarla. En mi caso, me ha ayudado bastante porque facilita encontrar inspiración y ahorrar tiempo, aunque también hay que revisar bien la información que aporta.

C. El relato que has obtenido ¿es similar al que tú hubieras escrito?
Sí, en parte sí es similar, porque mantiene ideas que yo también habría utilizado sobre el futuro y el control de la tecnología. Aun así, seguramente yo habría hecho un relato más sencillo.

miércoles, 20 de mayo de 2026

PRÁCTICA 6. Educación en 2025: el aula invisible

 

Educación en 2050: el aula invisible

No recuerdo exactamente cuándo dejamos de tener aulas. Supongo que no fue de un día para otro. Nadie anunció: “hoy desaparecen las paredes”. Simplemente ocurrió.

Es 2050 y mi jornada como docente comienza sin salir de casa. Me coloco las lentes y el espacio se despliega ante mí: un aula que no existe físicamente, pero que siento más real que cualquiera que haya pisado. Treinta estudiantes aparecen poco a poco, conectándose desde distintos lugares. Algunos están en sus habitaciones; otros, en parques o incluso en tránsito. Ya no importa el espacio, sino la presencia.

Al principio pensé que todo esto nos alejaría. Que la tecnología acabaría sustituyéndonos. Que nos convertiríamos en una especie de guía secundaria frente a sistemas inteligentes capaces de enseñar cualquier contenido mejor que nosotros. Y en parte fue así. Las inteligencias artificiales explican, corrigen, adaptan y personalizan el aprendizaje con una precisión que ningún docente del pasado podría haber imaginado.

Pero entonces entendí algo.

Mi papel ya no era explicar, sino acompañar.

Hoy, por ejemplo, no “doy clase” de literatura. El sistema ha preparado itinerarios personalizados para cada estudiante: algunos trabajan con textos del siglo XIX, otros exploran narrativas interactivas, otros crean historias en entornos virtuales. Yo me muevo entre ellos, observando, preguntando, provocando. A veces entro en sus mundos narrativos, literalmente. Hoy he caminado dentro de una historia creada por una alumna: un bosque que cambiaba según las emociones del lector.

—¿Por qué has hecho que los árboles se inclinen cuando el personaje duda? —le pregunto.

—Porque nadie le escucha —responde.

Y en ese momento entiendo que sigue siendo necesario estar ahí. No para corregir una metáfora, sino para escuchar lo que hay detrás.

A veces pienso en las aulas del pasado, en las filas de mesas, en los libros de texto, en los exámenes iguales para todos. Pienso en cómo aprendíamos más a repetir que a comprender. Y, sin embargo, también echo algo de menos: el ruido, las miradas, lo imprevisible.

En 2050 todo es más eficiente, más adaptado, más inmediato. Pero también más silencioso.

Antes de desconectarme, dejo una última tarea. No está en el sistema. No la corrige ninguna máquina.

—Quiero que mañana me contéis algo que no sepáis explicar.

Se miran entre ellos. Algunos sonríen.

Quizá eso no haya cambiado tanto.

Porque, incluso en un mundo donde casi todo tiene respuesta, la educación sigue empezando con una pregunta.

Y ahí, todavía, seguimos siendo imprescindibles.

Práctica 5. VBVMC. Emilia Pardo Bazán

 

Visita a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: Emilia Pardo Bazán

En esta práctica he explorado la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, un espacio digital fundamental para el acceso a obras de la literatura española e hispanoamericana. Se trata de una plataforma muy completa que reúne textos digitalizados, estudios críticos, materiales audiovisuales y recursos didácticos, lo que la convierte en una herramienta especialmente útil tanto para la investigación como para la enseñanza.

Dentro de este amplio repositorio, he seleccionado el portal dedicado a Emilia Pardo Bazán, una de las figuras femeninas más relevantes de la literatura española del siglo XIX. Su espacio está bien estructurado y permite acceder fácilmente a diferentes tipos de contenidos. Por un lado, encontramos sus obras completas en formato digital, entre las que destacan novelas, cuentos y ensayos. Por otro lado, se incluyen estudios críticos, biografías y artículos que ayudan a contextualizar su producción literaria. Además, el portal ofrece imágenes, documentos históricos y, en algunos casos, recursos audiovisuales, lo que enriquece la experiencia del usuario.

Desde el punto de vista didáctico, este espacio ofrece múltiples posibilidades. Por ejemplo, se podría trabajar en el aula la lectura guiada de fragmentos de sus obras, acompañada de actividades de análisis literario y contextualización histórica. También se podrían proponer trabajos de investigación en los que el alumnado explore su papel como mujer escritora en una época dominada por hombres. Otra opción interesante sería utilizar los materiales visuales y críticos para desarrollar exposiciones orales o proyectos colaborativos.

En relación con el artículo de Juan Cervera, María Bortolussi define la literatura infantil como aquella dirigida específicamente a un público infantil, teniendo en cuenta sus intereses, capacidades y nivel de desarrollo. Según su proceso formativo, las obras de literatura infantil pueden ser creadas (escritas expresamente para niños), ganadas (obras no pensadas inicialmente para niños pero adoptadas por ellos) e instrumentalizadas (utilizadas con fines educativos o didácticos). Ejemplos de estas categorías serían los cuentos tradicionales como literatura ganada, los libros actuales dirigidos a niños como literatura creada, y los textos utilizados en el aula con objetivos pedagógicos como literatura instrumentalizada.

En conclusión, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes no solo facilita el acceso a grandes autoras como Emilia Pardo Bazán, sino que también ofrece recursos valiosos para fomentar el aprendizaje y la enseñanza de la literatura de forma dinámica e inclusiva.

Práctica 6. Educación en 2050.

 PROTOCOLO ULTRÓN La primera vez que volví a un colegio en el año 2050, lo que más me llamó la atención no fueron las pantallas, ni los dron...