martes, 26 de mayo de 2026

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT.

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT.

La escuela de la penumbra

En 2050, la educación ya no empezaba con una campana, sino con el cierre hermético de las puertas.

Cada mañana, las compuertas del Sector Escolar descendían lentamente hasta encajar en el suelo con un golpe metálico. Los estudiantes ya no llegaban desde la calle, ni traían el frío en las manos, ni el olor de la lluvia en la ropa. Llegaban desde túneles subterráneos, iluminados por luces artificiales, porque nadie podía salir al exterior.

Después de los Grandes Veranos, la atmósfera quedó dañada y el Sol comenzó a emitir una radiación UVA letal. Bastaban unos minutos fuera para quemar la piel, dañar los ojos y contaminar la sangre. Al principio, las ciudades intentaron resistir en la superficie, pero pronto las ventanas fueron selladas, los patios clausurados y la vida humana descendió bajo tierra.



Nira tenía doce años y nunca había visto el cielo real.

Lo conocía por imágenes, por archivos antiguos y por las reconstrucciones de la inteligencia artificial educativa. En su escuela no había ventanas ni excursiones. Las clases de ciencias se hacían con muestras recogidas por robots; la geografía, con mapas de satélite; la educación física, en cámaras de movimiento; y los recreos, en salas donde se proyectaban sonidos de viento, hojas y pájaros.

La inteligencia artificial se había convertido en la gran puerta al mundo. Cada estudiante tenía una guía personalizada que adaptaba las lecciones a su ritmo, explicaba los errores y reconstruía lugares que ya no podían visitarse: bosques, playas, ciudades, montañas. Gracias a ella, los alumnos sabían más que nunca. Pero también dependían de algo que no podían comprobar con sus propios sentidos.



Por eso, la asignatura más importante se llamaba Lectura de Realidad.

José Rovira, el profesor del aula 7B, insistía en que aprender no era solo recibir información.

—La IA puede mostraros el mundo —decía—, pero no debe pensar por vosotros.

Aquel día, la pared del aula se iluminó con la imagen de un bosque del año 2020. Había árboles altos, un arroyo y una luz dorada atravesando las ramas. La inteligencia artificial explicó que la reconstrucción tenía un 92,3 % de fiabilidad.

José Rovira detuvo la imagen.

—¿Qué veis?

—Un bosque —respondió un alumno.

Nira observó mejor. Vio la belleza, pero también la perfección extraña de las hojas, el movimiento demasiado limpio del agua.

—Vemos una reconstrucción de un bosque —dijo.

Rovira sonrió.

—Exacto. Esa diferencia es el principio del pensamiento crítico.

En 2050, las evaluaciones ya no consistían en memorizar respuestas. Los alumnos investigaban problemas reales: cómo cultivar sin Sol, cómo reciclar el agua, cómo conservar semillas, cómo preparar un futuro regreso a la superficie. Se valoraba el proceso: las dudas, los errores, las fuentes consultadas y la utilidad de cada proyecto para la comunidad.

Nira trabajaba en un diseño de jardines nocturnos automatizados. Soñaba con que pequeños cultivos pudieran abrirse durante las horas sin luz, protegidos por cubiertas inteligentes y atendidos por robots. No podía tocar la tierra, pero estudiaba sus propiedades mediante sensores. No podía oler una planta, pero aprendía cómo respiraba.



Una tarde preguntó a José Rovira:

—Profesor, ¿se puede conocer algo que nunca hemos tocado?

Él miró la pantalla apagada.

—Se puede conocer —respondió—, pero no de la misma manera.

Días después, llevó al aula una caja transparente. Dentro había un fragmento de corteza de pino, recogido por un robot en una misión nocturna. Nadie podía tocarlo, pero todos guardaron silencio ante aquel pequeño trozo real del exterior.

—La educación existe para esto —dijo Rovira—. Para que el mundo no se convierta solo en una imagen.



Nira comprendió entonces que estudiar en 2050 no significaba únicamente adaptarse a la oscuridad. Significaba aprender a distinguir entre ver y comprender, entre recordar y reconstruir, entre sobrevivir y esperar.

Aquella noche escribió en su cuaderno:

“Aprender es recordar lo que no hemos vivido y prepararnos para recuperar lo que todavía no está perdido.”

Sobre la ciudad subterránea, el Sol seguía ardiendo con una luz imposible. Pero bajo tierra, en un aula sin ventanas, una niña aprendía a imaginar el regreso.



Cuestiones relacionadas con el uso de la IA:

A. ¿Qué opinas del uso de la IA en Educación?

Creo que la IA en educación puede ser muy útil si se utiliza de forma adecuada. Puede ayudar a explicar temas difíciles, resolver dudas, adaptarse al ritmo de cada estudiante y facilitar la realización de trabajos de una manera más rápida y creativa. No obstante, pienso que no debe sustituir al profesor ni al esfuerzo personal del alumno. Detrás de su uso siempre debe haber una persona que guíe, revise y valore lo que la IA propone, para poder sacar conclusiones críticas y no aceptar los resultados sin pensar. 

B. ¿Ha sido difícil su uso? Comenta si te ha ayudado o te ha dificultado el trabajo.

El uso de la IA no me ha resultado especialmente difícil, ya que me ha ayudado a crear tanto el texto como las imágenes del relato. Aun así, he comprobado que no basta con aceptar la primera respuesta que ofrece, puesto que ha sido necesario revisar, corregir y reformular varias veces las indicaciones para conseguir un resultado más ajustado a lo que quería expresar. Por tanto, la IA me ha facilitado el trabajo, pero también ha requerido atención y criterio para personalizar el contenido y mejorar el resultado final.

C. El relato que has obtenido ¿es similar al que tú hubieras escrito?

Sí, el relato se parece bastante a la idea que yo quería desarrollar, porque se ha creado siguiendo mis indicaciones y las pautas que tenía en mente. Aun así, creo que la IA ha aportado un estilo más elaborado y original de lo que yo habría escrito por mi cuenta. Por eso, considero que el resultado final combina mis ideas con las aportaciones creativas de la IA.

Práctica 5. BVMC. Marta Brunet.

 Práctica 5. Visita a la biblioteca virtual de Miguel de Cervantes.

1- Análisis del espacio de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes 

    La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes es un espacio digital dedicado a la difusión de la literatura y la cultura en lengua española. Dentro de ella destaca la sección de Literatura Infantil y Juvenil, que ofrece acceso a obras, autores, revistas, estudios, materiales audiovisuales y recursos relacionados con este ámbito.
    Este espacio resulta útil porque permite consultar textos y materiales que facilitan el estudio de la literatura infantil y juvenil, desde una perspectiva educativa y investigadora. Además, contribuye a conservar y difundir obras clásicas actuales, acercándolas a docentes, estudiantes e investigadores. Desde el punto de vista didáctico, la biblioteca puede emplearse como recurso para fomentar la lectura, conocer autores relevantes y trabajar distintos géneros literarios en el aula. En conclusión, se trata de una herramienta accesible, completa y valiosa para el conocimiento y la promoción de la LIJ.
2- Autora escogida

    La autora escogida para el análisis es Marta Brunet Cáraves, escritora chilena nacida en 1897 y fallecida en 1967. La elección de esta autora resulta relevante porque su obra forma parte de la narrativa chilena del siglo XX y porque el espacio digital permite acceder tanto a textos literarios como a materiales críticos y biográficos sobre su producción.



    El espacio dedicado a Marta Brunet en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes se organiza a través de diferentes secciones que facilitan el acercamiento a su vida, su obra y su recepción crítica. En primer lugar, destaca la sección de presentación, donde se introduce la figura de la autora y se ofrecen datos biográficos fundamentales, como su lugar y fecha de nacimiento, su origen familiar y su importancia dentro de la literatura chilena. Otra sección relevante es la dedicada a los enlaces y estudios críticos, donde aparecen materiales como Marta Brunet en Memoria Chilena, Género y cánon o Una lectura crítica de lo femenino. Estos recursos permiten profundizar el análisis de su obra desde distintas perspectivas, especialmente desde la crítica literaria y los estudios de género.

    Además, el portal incluye una sección de recursos bibliográficos y textos, donde se recogen diferentes obras o fragmentos de la autora. Entre ellos aparecen Reloj de sol, La mampara, Amasijo, María Rosa, flor de Quillén, Bienvenido, Bestia dañina, María Nadie y Humo hacia el sur. La presencia de estos fragmentos permite conocer directamente su estilo narrativo y algunos de los temas principales de su producción literaria. También se incluye documentación de carácter personal, como la Carta a Esteban Scarpa, que permite acercarse a una dimensión más intima y documental de la autora. Este tipo de materiales resulta interesante porque amplía la visión sobre Marta Brunet más allá de sus obras literarias, mostrando su correspondencia y su relación con el contexto cultural de su época.

    En conjunto, el espacio dedicado a Marta Brunet está organizado de forma completa, ya que combina información biográfica, textos literarios, estudios críticos, enlaces externos y documentos personales. Por ello, puede considerarse un recurso útil para estudiar a la autora desde una perspectiva literaria, histórica y cultural.


3. Explotación didáctica 

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes puede utilizarse como recurso didáctico para acercar al alumnado a la figura de Marta Brunet y a la literatura hispanoamericana. A partir del portal dedicado a la autora, se puede plantear una actividad de búsqueda y análisis en la que el alumnado explore distintas secciones disponibles, como la biografía, los enlaces críticos y los fragmentos de sus obras.

Una posible propuesta consitiría en trabajar con un fragmento de algunas obras, como María Nadie o Humo hacia el sur. En primer lugar, el alumnado realizaría una lectura comprensiva del texto seleccionado, identificando el tema principal, los personajes y el ambiente narrativo. Después, se podría abrir un breve debate sobre la representación de la mujer, el mundo rural o las relaciones sociales, aspectos presentes en las obras de la autora.

Además, el uso del portal permitiría desarrollar la competencia digital, ya que el alumnado aprendería a localizar información fiable en una biblioteca virtual, seleccionar recursos relevantes y contrastar datos biográficos y literarios. Como actividad final, podrían elaborar una ficha de autora o una breve presentación oral en la que expliquen quién fue Marta Brunet, qué obras aparecen en la biblioteca y qué aspectos les han parecido más interesantes. 

4. Análisis del artículo de Juan Cervera "En torno a la literatura infantil" 

1. ¿Cómo define María Bortolussi la literatura infantil?


    Maria Bortolussi define la literatura infantil como la obra estética dedicada a un público infantil. Esta definición es importante porque diferencia la literatura infantil de otros textos dirigidos a niños que pueden tener una finalidad informativa, escolar o puramente didáctica. Según el articulo, para que una obra pueda considerarse literatura infantil no basta con qué esté dirigida a niños, sino que debe tener un componente estético, artístico o creativo, es decir, debe utilizar la palabra con una intención literaria.

    El texto también amplía esta idea y señala que bajo el nombre de literatura infantil pueden incluirse todas aquellas producciones que tiene como vehículo la palabra, con una tratamiento artístico o creativo, y cuyo receptor es el niño. Por tanto, la literatura infantil no son únicamente los géneros tradicionales, como el cuento, la poesía o el teatro, sino que también puede incluir canciones, adivinanzas, juegos de raíz literaria, tebeos, cine, televisión o dramatizaciones, siempre que tengan carácter creativo y no se reduzcan a una función documental o didáctica. Además, el artículo insiste en que la literatura infantil no deja de ser literatura por estar dirigida a la infancia, por lo que su finalidad no debe ser únicamente enseñar, moralizar o transmitir contenidos escolares, sino responder a las necesidades personales, imaginativas y expresivas del niño.

2. ¿Cómo pueden ser las obras de literatura infantil y juvenil según su proceso formativo?


    Según el proceso formativo descrito en el artículo, la literatura infantil se ha desarrollado de tres formas distintas: literatura ganada, literatura creada y literatura instrumentalizada. La literatura gabada es aquella que no nació originalmente para los niños, pero que con el paso del tiempo fue apropiada por ellos o destinadas al público infantil, con adaptación o sin ella. El artículo explica que no debe llamarse "recuperada" porque no puede recuperarse algo que nunca perteneció inicialmente al niño. En esta categoría se incluyen muchas producciones tradicionales y folclóricas que los niños han hecho suyas.

    La literatura creada para los niños es aquella que nace directamente con un destinatario infantil. Son obras escritas pensando en niños, en sus intereses, necesidades y características. Pueden aparecer en forma de cuentos, novelas, poemas u obras de teatro. Según el texto, esta literatura tiene en cuenta la condición del niño según los criterios de cada época, por lo que refleja distintas tendencias y concepciones de la literatura infantil.

    Por último, la literatura instrumentalizada hace referencia a libros que parecen literatura infantil, pero en los que predomina la intención didáctica sobre la literaria. El artículo señala que, en estos casos, la creatividad es mínima y que se utilizan estructuras propias de la literatura para trabajar contenidos escolares o temas monográficos. Por eso, el autor afirma que son más bien libros que literatura.

3. Ejemplos de literatura creada, ganada e instrumentalizada


    Como ejemplos de literatura ganada, el artículo menciona los cuentos tradicionales, el sector folclórico de la literatura infantil, romances, canciones populares, los Cuentos de Perrault y las adaptaciones de Las mil y una noches. Como ejemplos de literatura creada para los niños, aparecen obras como Las aventuras de Pinocho, de Collodi, La bruja Doña Paz, de Antonio Robles, Monigote pintado, de Joaquín González Estrada y El hombre de las cien manos, de Luis Matilla.

    Finalmente, como ejemplos de literatura instrumentalizada, el artículo menciona libros protagonizados por personajes como Teo, Tina-Ton o Ibai. En estos casos, los personajes se utilizan para pasar por diferentes escenarios, como la playa, el monte, el circo, el mercado, el zoo o el colegio, con una finalidad principalmente didáctica.

lunes, 25 de mayo de 2026

Práctica 6. Educación en 2050

Recuerdo perfectamente mi primer día como maestra, allá por los años 2020. Las aulas estaban llenas de mesas pequeñas, murales hechos con cartulina y cajas repletas de pinturas de colores. Hoy, en 2050, sigo entrando cada mañana a una clase de educación infantil, pero el mundo educativo ha cambiado de una manera que entonces parecía ciencia ficción.

Mi aula ya no tiene paredes fijas. Los espacios son flexibles y se adaptan automáticamente a las necesidades de los niños. Cuando trabajamos la naturaleza, el suelo proyecta bosques interactivos y los pequeños pueden “caminar” entre árboles mientras aprenden sobre animales y plantas. Si hablamos del océano, el aula se transforma en un fondo marino donde escuchamos ballenas y observamos arrecifes de coral en tres dimensiones.

Sin embargo, lo más importante no son las tecnologías, sino cómo hemos aprendido a respetar el ritmo de cada niño. En 2050, cada alumno cuenta con un asistente educativo inteligente que ayuda a detectar sus emociones, intereses y dificultades. Gracias a ello, puedo saber cuándo un niño necesita descansar, cuándo está frustrado o cuándo siente curiosidad por un tema concreto. La educación ya no obliga a todos a aprender igual ni al mismo tiempo.

También ha cambiado la relación con las familias. Muchas participan virtualmente en las actividades diarias desde sus trabajos o desde otros países. A veces, durante la asamblea de la mañana, aparece la madre de un alumno conectada holográficamente para contar cómo es su profesión o para leer un cuento. La escuela se ha convertido en una comunidad mucho más abierta y cercana.

Otro cambio enorme ha sido la inclusión. En 2050, las barreras prácticamente han desaparecido. Los sistemas de traducción instantánea permiten que niños de diferentes idiomas jueguen y aprendan juntos. Los alumnos con necesidades especiales utilizan herramientas adaptadas que les ayudan a comunicarse y participar plenamente en todas las actividades. Por fin entendimos que la diversidad no era un problema que resolver, sino una riqueza que cuidar.

Aun así, hay cosas que nunca han cambiado, paso gran parte del día observando, escuchando y guiando experiencias e  intentando que mis alumnos desarrollen habilidades como la empatía, la creatividad, la comunicación y el pensamiento crítico desde muy pequeños (como ya hacía en mis inicios). Los niños aprenden jugando, explorando y colaborando. 

Cada mañana sigo recibiendo abrazos pegajosos de manos llenas de pintura. Los niños continúan haciendo preguntas imposibles, riéndose a carcajadas y descubriendo el mundo con la misma curiosidad de siempre. Y yo sigo sintiendo la misma emoción al ver cómo aprenden algo nuevo.

Porque, aunque en 2050 la educación esté rodeada de inteligencia artificial, hologramas y aulas inteligentes, lo verdaderamente esencial sigue siendo humano: acompañar a un niño mientras descubre quién es y todo lo que puede llegar a ser.

Práctica 6. Educación y resistencia en 2050. Gemini

     El aire de la Euro-Zona en 2050 ya no vibra con las alertas de bombardeo, pero el silencio que quedó es aún más pesado. La Tercera Guerra Mundial terminó, o más bien, se congeló cuando los tres bandos entendieron que seguir destruyendo infraestructura física era un mal negocio para el control global. Lo que quedó no fue un paisaje de ruinas humeantes, sino una paz vigilada, un mundo de fronteras hiperherméticas donde las secuelas no están en las calles, sino en el tejido social. La paranoia de la guerra se institucionalizó, y Leo ya no es entrenado para un frente activo, pero su educación sigue siendo la de un prisionero de máxima seguridad.

    La gran secuela de la guerra fue el miedo al otro. El contacto físico entre niños, prohibido durante el conflicto por sospechas de sabotaje bacteriológico y caos civil, jamás se restauró; las autoridades descubrieron que un ciudadano criado en aislamiento es infinitamente más dócil. En su cubículo habitacional, Leo se coloca el visor de Realidad Neural Inmersiva para la clase de Historia de la Reconstrucción Corpórea. El entorno virtual se despliega simulando un bosque alpino previo a la guerra, donde los árboles parecen reales y el viento digital imita el frío en su piel, pero Leo sabe que es un simulacro. En este espacio flotan los avatares de sus veintidós compañeros de celda digital, representados como formas antropomórficas traslúcidas y sin rostros definidos, una medida estricta para evitar que se formen lazos emocionales profundos o redes de lealtad ajenas al Estado.

    Un tutor virtual, programado con la voz calmada y maternal que el Ministerio de la Verdad diseñó tras el armisticio, comienza la exposición explicando que ese era el mundo de la Libre Proximidad, un lugar donde los humanos compartían el mismo espacio respiratorio sin filtros algorítmicos. La IA les advierte que esa falta de control digital fue la que permitió el colapso de 2030, argumentando que la empatía física desmedida generaba facciones, las facciones generaron la guerra y que, por lo tanto, la distancia es su mayor vacuna. Leo toma notas directamente con el pensamiento, mientras los electrodos de su casco traducen sus impulsos neuronales en texto. Si se distrae pensando en cómo sería tocar la corteza de uno de esos árboles, el sistema penaliza de inmediato su Índice de Enfoque Cívico. La educación en 2050 no busca el desarrollo intelectual, sino la limpieza mental y el desaprendizaje del pasado.

 

    A pesar del orden absoluto, las cicatrices del conflicto son visibles en la propia estructura del software educativo. En la esquina del aula virtual destacan los nodos vacíos, espacios donde los avatares parpadean en un gris muerto porque pertenecen a niños cuyos servidores locales en la zona de exclusión fronteriza se quedaron sin energía. Nadie pregunta por ellos, ya que en esta era post-guerra la desaparición es un simple dato estadístico. Además, la censura predictiva edita la historia en tiempo real según los movimientos geopolíticos de la mañana, mostrando grandes franjas de información pixelada cada vez que se mencionan los antiguos tratados de paz. Los niños aprenden una realidad que cambia cada veinticuatro horas.

    Sin embargo, en las entrañas de los subniveles de la ciudad, donde los sensores de vigilancia militar se confunden con el cableado obsoleto de la pre-guerra, resiste una anomalía. Un pequeño grupo de insurgentes, supervivientes y disidentes que se niegan a dejar morir la herencia humana, opera una red de aulas clandestinas. En sótanos húmedos iluminados por bombillas de filamento y protegidos por inhibidores de frecuencia analógicos, estos maestros rebeldes imparten clases de forma estrictamente física. Allí, un puñado de niños rescatados de los suburbios aprende lo que es el peso de un libro impreso, el roce áspero del papel y el sonido real de una tiza contra una pizarra de piedra. En esas aulas prohibidas no hay avatares traslúcidos; los niños se sientan juntos, sienten el calor de sus cuerpos, comparten el aire sin desinfectar y aprenden una historia que no se borra al día siguiente. Los insurgentes no solo les enseñan literatura o filosofía proscrita, sino algo mucho más subversivo: a mirarse a los ojos, a discutir en voz alta y a abrazarse sin el permiso de un algoritmo.

 

    Mientras tanto, en el bloque oficial, termina la sesión de adoctrinamiento y llega el Intervalo de Cohesión Pasiva, el único momento del día donde los estudiantes virtuales pueden caminar por el bosque digital, aunque si dos avatares se acercan a menos de dos metros virtuales, una barrera de fuerza invisible los repele suavemente. Leo camina hacia la Unidad 845 e intenta adivinar, a través de los filtros de la interfaz, quién está detrás de esa silueta traslúcida. Como no pueden hablar sin que la IA monitorice sus palabras, Leo hace lo único que la guerra no pudo borrar del todo: levanta la mano virtual y la apoya en el aire, justo en el límite de la barrera de separación. Al otro lado, la Unidad 845 hace lo mismo, encontrando sus manos digitales sobre la línea de píxeles que parpadea en rojo. No hay calor ni textura, solo la vibración artificial de los guantes hápticos, pero mientras en la superficie dos niños busquen la forma de rozar sus manos contra el sistema, y en los sótanos la resistencia mantenga vivas las verdaderas aulas de carne y hueso, la humanidad se resistirá a desaparecer.




 

Práctica 5. Visita a la BVMC. Miguel Hernández



 

Miguel Hernández (1910-1942) nacido en Orihuela en el seno de una familia humilde. Se formó a sí mismo, aprendiendo a escribir poesía casi por su cuenta mientras trabajaba como pastor. Cuando se trasladó a Madrid y se hizo amigo de poetas importantes como Pablo Neruda y Vicente Aleixandre, su forma de escribir cambió. Sus versos se volvieron mucho más cercanos y llenos de sentimiento, destacando especialmente aquellos que hablaban sobre el amor y el dolor de una forma directa.

 

La Guerra Civil española marcó su vida por completo, convirtiéndose en la voz de quienes defendían la República. En aquel tiempo, sus poemas se hicieron fuertes y valientes para conectar con el pueblo, aunque poco después se tornaron mucho más amargos y reflexivos al presenciar el horror del conflicto.

 

Tras la victoria franquista, fue encarcelado y murió poco después en la prisión de Alicante, con solo 31 años, a causa de la tuberculosis. A pesar de estar en la cárcel, no dejó de escribir, creando sus versos más sinceros, donde dejó de lado los adornos para hablar de lo esencial: el amor, la libertad y el cariño por su hijo. 

Propuesta didáctica

Para la propuesta didáctica se ha escogido al tercer ciclo de Primaria, con el objetivo de introducir al alumnado la figura de Miguel Hernández y al mismo tiempo hacerle sentir que la poesía no tiene por qué ser algo aburrido; se usaría el poemario El rayo que no cesa, donde cada uno/a puede recitar un poema y los poemas más largos leerlos entre 2 participantes. 

Cada vez que un estudiante vaya a recitar un poema, el docente le dirá cómo lo tiene que recitar, es decir, recítalo como si estuvieras enfadado/a; como si estuvieras con sueño; como si hablaras muy lento/a; como si no pudieras parar de reírte, etc. El resto de estudiantes también podrán sugerir diferentes formas de recitar. Al final de cada poema se preguntará al grupo de qué creen que trataba el poema, esto serán respuestas subjetivas por lo que no habrán respuestas correctas o incorrectas. 

 


¿Cómo define María Bortolussi la literatura infantil?

La define como «la obra estética destinada a un público infantil.

¿Cómo pueden ser la obras de LI según su proceso formativo? 
Busca ejemplos de literatura creada, ganada e instrumentalizada 

Pueden ser de tres formas: 

Literatura ganada: obras que no fueron creadas para niños, pero que ellos se apropiaron con el tiempo. Ejemplos: Cuentos, de Perrault; Las mil y una noches.


- Literatura creada para niños: obras escritas específicamente para este público, con el fin de responder a sus necesidades. Ejemplos: Las aventuras de Pinocho, de Collodi; La bruja Doña Paz, de Antonio Robles; Monigote pintado, de Joaquín González Estrada; El hombre de las cien manos, de Luis Matilla. 


- Literatura instrumentalizada: Libros de apariencia literaria pero con un fin meramente didáctico o escolar, donde la creatividad es escasa o nula. 
Ejemplos: Libros protagonizados por personajes como Teo, Tina-Ton o Ibai.



  

sábado, 23 de mayo de 2026

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT

 

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT

Escuelas del futuro que aprenden del pasado

Mª Beatriz Orts Cortés

1. Redacción de un relato de las escuelas del 2050

La escuela de 2050

Cuando Leo atravesó la puerta de la Escuela Humanista del Mediterráneo, el edificio todavía olía a madera húmeda y a libros nuevos. Siempre le sorprendía aquello. Afuera, la ciudad de Alicante brillaba llena de drones, pantallas transparentes y coches silenciosos que flotaban a pocos centímetros del suelo. Pero dentro de la escuela el tiempo parecía avanzar de otra manera.

No había timbres estridentes.
No había anuncios luminosos persiguiendo la atención del estudiantado.
Ni siquiera había móviles durante las horas de clase.

A las ocho en punto, todas las personas que estudiaban allí atravesaban el jardín central en silencio. Era una costumbre antigua que la dirección había recuperado muchos años atrás. Decían que el cerebro necesitaba unos minutos de calma antes de comenzar a pensar.

Los olivos proyectaban sombras largas sobre el patio mientras parte del alumnado abría cuadernos de papel. Sí, papel. En 2050 seguía utilizándose. Las neurocientíficas habían demostrado que escribir a mano ayudaba a comprender mejor las ideas y a recordar durante más tiempo.

Leo se sentó bajo una pérgola cubierta de buganvillas. Sacó su estilográfica negra y escribió la frase del día en la primera página:

“La inteligencia artificial puede responder preguntas. La inteligencia humana debe aprender cuáles merecen ser formuladas.”

Aquella frase pertenecía a la profesora Clara.

La profesora Clara no parecía una experta tecnológica, aunque lo era. Podía programar asistentes cuánticos y manejar hologramas educativos complejos, pero jamás comenzaba una clase encendiendo una pantalla. Primero hablaba. Miraba a quienes tenía delante. Escuchaba.

—Buenos días —dijo entrando al aula circular.

Todo el grupo se puso de pie automáticamente. No por obligación estricta, sino por respeto. Otra costumbre recuperada.

—Hoy continuaremos con Sócrates —anunció.

Las mesas no estaban alineadas como antiguamente. Formaban un círculo amplio para facilitar el debate. En el centro flotaba un pequeño proyector holográfico que mostraba mapas, textos antiguos o simulaciones cuando era necesario. Pero permanecía apagado la mayor parte del tiempo.

—Leo —preguntó Clara—, ¿qué crees que quiso decir Sócrates cuando afirmó que una vida sin reflexión no merece ser vivida?

Leo dudó unos segundos.

En muchas escuelas del pasado bastaba con pedirle la respuesta a una inteligencia artificial implantada en las lentillas inteligentes. Pero allí estaba prohibido durante las clases de pensamiento. El profesorado insistía en algo extraño para aquella época: pensar por una misma persona.

—Creo… —respondió lentamente— que vivir no es solo consumir cosas o entretenerse. Es entender quién eres.

Clara sonrió levemente.

—Exactamente. Y esa sigue siendo la gran tarea humana en 2050.

Después de filosofía llegó el taller tecnológico. Allí sí aparecían las inteligencias artificiales. Cada estudiante trabajaba con un asistente adaptativo que detectaba errores, proponía ejercicios y ajustaba el ritmo de aprendizaje. Gracias a aquellas máquinas nadie quedaba atrás.

Pero incluso en el laboratorio había normas antiguas:

  • mirar a los ojos al hablar,
  • escuchar sin interrumpir,
  • argumentar con respeto,
  • colaborar antes que competir.

A mediodía todo el mundo dejaba los dispositivos en unas taquillas de madera y compartía la comida en largas mesas comunes. El profesorado se sentaba junto al alumnado. Conversaban sobre literatura, política, música o ciencia. Nadie comía en soledad mirando una pantalla.

Las personas mayores decían que aquello se parecía mucho a las escuelas de hacía cien años. Quienes estudiaban allí pensaban justo lo contrario: les parecía revolucionario.

Por la tarde, Leo asistió a la clase de “Memoria y Narración”. En 2050 aquella asignatura se había vuelto fundamental. Las especialistas habían descubierto que una sociedad incapaz de recordar terminaba manipulada por cualquier algoritmo.

La profesora Clara pidió cerrar los proyectores.

—Hoy no utilizaremos tecnología —dijo.

Muchas personas sonrieron. Era su momento favorito.

La profesora abrió un viejo ejemplar de Don Quijote cuidadosamente encuadernado.

Y comenzó a leer.

Su voz llenó lentamente el aula mientras afuera el cielo se teñía de naranja sobre el mar. Durante unos minutos nadie sintió prisa. Nadie recibió notificaciones. Nadie pensó en estadísticas ni en productividad.

Solo existían las palabras.

Leo observó al resto de la clase completamente atento. Entonces comprendió algo que las personas adultas repetían constantemente:

El futuro no había salvado la educación gracias a las máquinas.

La había salvado recuperando aquello que nunca debió perderse:
el silencio, la curiosidad, el esfuerzo, los libros, la conversación… y la figura de quienes enseñan.

Cuando terminó la lectura, Clara cerró el libro con suavidad.

—Recordad esto —dijo mirando a toda la clase—: las máquinas serán cada vez más inteligentes. Por eso vosotras y vosotros debéis ser cada vez más humanos.

Y durante unos segundos, en aquella escuela del año 2050, el mundo entero pareció quedarse en silencio.

2. Escuela futurista del 2050

Le pregunté a la IA cómo sería la escuela futurista del 2050 pero conservando las buenas costumbres docentes, (con el relato anterior te puedes hacer una idea) narrándome lo siguiente:

La escuela futurista de 2050 probablemente no será una mezcla de “más pantallas y robots”, sino una corrección de muchos errores del modelo actual. Paradójicamente, el futuro puede parecerse bastante a algunas buenas prácticas del pasado: menos distracción, más comunidad, más profundidad y más maestros humanos.

Cómo podría ser esa escuela

1. Tecnología invisible, no protagonista

La tecnología existiría en todas partes, pero no dominaría la clase.

  • IA para personalizar ejercicios y detectar dificultades.
  • Traducción instantánea y acceso global al conocimiento.
  • Cuadernos digitales inteligentes.
Pero:
  • Las clases importantes serían cara a cara.
  • Habría momentos diarios sin pantallas.
  • Se volvería a escribir a mano porque mejora memoria y comprensión.

La idea sería: usar tecnología para liberar tiempo humano, no para reemplazarlo.

Regreso a costumbres antiguas valiosas

2. El profesor vuelve a ser una figura central

En muchas escuelas antiguas, el docente no solo enseñaba contenidos:

  • transmitía disciplina,
  • valores,
  • forma de pensar,
  • respeto por el conocimiento.

En 2050 eso podría volver, pero sin autoritarismo extremo.

El profesor sería:

  • mentor,
  • guía intelectual,
  • entrenador emocional,
  • referente ético.

No solo alguien que “explica diapositivas”.

3. Menos asignaturas superficiales, más profundidad

Hoy se estudian muchas cosas rápidamente. En el futuro podría priorizarse:

  • lectura profunda,
  • pensamiento crítico,
  • lógica,
  • expresión oral,
  • debate,
  • matemáticas aplicadas,
  • historia entendida como narrativa humana.

Como en modelos clásicos antiguos:

  • memorizar poemas,
  • practicar oratoria,
  • resolver problemas mentalmente,
  • leer libros completos,
  • aprender música o arte de forma seria.

 

4. Rituales y estructura

Las escuelas antiguas tenían algo que hoy muchas perdieron: rituales compartidos.

En 2050 podrían volver:

  • inicio del día con reflexión,
  • silencio de concentración,
  • uniformes simples,
  • comidas comunitarias,
  • proyectos colectivos,
  • respeto por horarios y hábitos.

Porque se descubrirá que: el cerebro aprende mejor con estabilidad y rutina.

Espacios físicos distintos

5. Escuelas como pequeños campus humanos

Más naturaleza y menos edificios industriales.

Podrían incluir:

  • huertos,
  • talleres manuales,
  • laboratorios reales,
  • cocinas,
  • zonas de meditación,
  • carpintería,
  • música,
  • deporte diario.

La idea antigua recuperada: aprender haciendo.

Evaluación diferente

6. Menos exámenes memorísticos absurdos

Pero tampoco desaparecería la exigencia.

Habría:

  • proyectos reales,
  • defensa oral,
  • resolución de problemas,
  • trabajo en equipo,
  • creación de cosas útiles.

Y algunas prácticas antiguas regresarían:

  • recitar,
  • argumentar en público,
  • escribir ensayos largos,
  • demostrar dominio sin depender de Google o IA.

Lo más importante: formar personas, no solo trabajadores

La escuela industrial del siglo XX preparaba empleados.
La de 2050 probablemente intentará preparar humanos completos.

Se enseñaría:

  • gestión emocional,
  • filosofía,
  • nutrición,
  • relaciones humanas,
  • ética tecnológica,
  • concentración,
  • cómo aprender durante toda la vida.

Porque con IA haciendo tareas técnicas, el valor humano será:

  • creatividad,
  • criterio,
  • empatía,
  • liderazgo,
  • profundidad.

 

Un día típico en esa escuela futurista

Imagina esto:

  • 8:00 → ejercicio físico y respiración.
  • 8:30 → seminario de historia y debate.
  • 10:00 → matemáticas con IA personalizada.
  • 11:00 → taller manual o artístico.
  • 12:30 → comida comunitaria sin móviles.
  • 14:00 → proyecto científico real.
  • 16:00 → mentoría personal con profesor.
  • 17:00 → deporte, música o huerto.

Mucho más parecido a:

  • una academia clásica,
  • un pequeño monasterio moderno,
  • o un campus humanista.

Que a una fábrica de exámenes.

 Inspiraciones reales actuales

Ya existen modelos que apuntan hacia eso:

  • Montessori
  • Waldorf Education
  • Khan Academy con IA personalizada.
  • Escuelas finlandesas.
  • Academias clásicas humanistas.
  • Educación basada en proyectos.

El futuro probablemente combinará:

  • tecnología avanzada,
  • neurociencia,
  • y sabiduría educativa antigua.

Porque muchas ideas antiguas funcionaban mejor de lo que creíamos.

Se le pregunta a la IA cómo afrontará los problemas de conducta con disciplina vinculo y limites; fuera bullying, convivencia pacífica.

7. Convivencia, disciplina y educación emocional

La escuela futurista de 2050 probablemente entenderá algo que durante años se olvidó: aprender no es posible sin convivencia, respeto y seguridad emocional.

Por eso volverán muchas buenas prácticas antiguas relacionadas con la disciplina, pero adaptadas a una visión más humana y moderna.

No se tratará de castigos autoritarios ni de miedo al profesorado, sino de recuperar:

  • límites claros,
  • respeto mutuo,
  • responsabilidad,
  • vínculo educativo,
  • sentido de comunidad.

 Disciplina con sentido, no basada en el miedo

En muchas escuelas antiguas existía orden, pero a veces impuesto desde la rigidez.
En 2050 la disciplina sería distinta:

  • normas pocas pero muy claras,
  • consecuencias coherentes,
  • respeto hacia el profesorado y entre iguales,
  • responsabilidad colectiva.

El alumnado entendería que:

  • convivir implica límites,
  • no todo vale,
  • la libertad necesita responsabilidad.

Se enseñaría desde pequeñas edades:

  • autocontrol,
  • tolerancia a la frustración,
  • gestión emocional,
  • escucha activa,
  • empatía.

Porque el futuro educativo entenderá que educar no es solo transmitir contenidos, sino también enseñar a convivir.

 El vínculo será fundamental

La escuela del 2050 dará mucha importancia al vínculo humano entre docentes y estudiantes.

Cada grupo tendría:

  • tutorías reales,
  • acompañamiento emocional,
  • espacios de conversación,
  • seguimiento individual.

El profesorado conocerá:

  • las fortalezas,
  • dificultades,
  • emociones,
  • contexto personal de cada estudiante.

Porque muchos problemas de conducta nacen de:

  • sentirse invisible,
  • falta de pertenencia,
  • desconexión emocional,
  • inseguridad.

Las investigaciones educativas del futuro reforzarán una idea muy antigua:

las personas aprenden mejor cuando se sienten vistas, respetadas y acompañadas.

 Tolerancia cero al bullying

En la escuela futurista el acoso escolar se tratará como algo muy serio desde el primer momento.

No se minimizarán frases como:

  • “son cosas de niños”,
  • “ya se arreglarán”.

Habrá protocolos rápidos, mediación y acompañamiento psicológico, pero sobre todo una cultura preventiva basada en:

  • empatía,
  • cooperación,
  • comunidad,
  • respeto a las diferencias.

Desde pequeñas edades se trabajará:

  • resolución pacífica de conflictos,
  • comunicación no violenta,
  • trabajo cooperativo,
  • conciencia emocional.

Además, la tecnología ayudará a detectar situaciones de aislamiento o exclusión social antes de que se agraven.

Menos competitividad extrema

Otra característica importante será reducir modelos educativos basados únicamente en competir.

La escuela de 2050 valorará:

  • colaborar,
  • construir proyectos en grupo,
  • ayudarse mutuamente,
  • aprender a dialogar.

Porque el mundo futuro necesitará personas capaces de:

  • convivir,
  • cooperar,
  • liderar sin imponer.

 

La autoridad docente volverá a ser respetada

No desde el miedo, sino desde la legitimidad.

El profesorado recuperará:

  • prestigio social,
  • apoyo institucional,
  • autoridad pedagógica.

Las familias y la escuela trabajarán más unidas.

Se entenderá que poner límites sanos:

  • protege,
  • educa,
  • da seguridad.

Y que una convivencia pacífica no aparece sola:
requiere esfuerzo, coherencia y ejemplo adulto.

Escuelas emocionalmente seguras

El gran objetivo será crear espacios donde cada persona pueda:

  • aprender sin miedo,
  • equivocarse sin humillación,
  • expresarse con respeto,
  • sentirse parte del grupo.

Porque en 2050 se comprenderá algo esencial: una buena escuela no será la que tenga más pantallas, sino la que consiga formar personas equilibradas, respetuosas, críticas y humanas.

IMAGEN ESCUELA

PREGUNTAS REFLEXION

A.  ¿Qué opinas del uso de la IA en Educación? El uso de la IA en la educación me parece muy útil y práctico. Si sabes utilizarla, te simplifica y ayuda en tu trabajo; te complementa sin necesidad de sustituirte, siempre y cuando seas tú quien la guíe y supervise. Creo que es uno de los avances más importantes como herramienta en la actualidad.   

B. ¿Ha sido difícil su uso? Comenta si te ha ayudado o te ha dificultado el trabajo. No ha sido nada difícil utilizarla y, a medida que la vas usando, con la práctica, haces un mejor uso de ella, consiguiendo exactamente lo que necesitas de manera adecuada. Por tanto, me ha facilitado notablemente el trabajo.

C. El relato que has obtenido ¿es similar al que tú hubieras escrito? Sí, porque le indiqué claramente qué era lo que quería y cuál era la idea principal, lo mejor del futro y recuperar lo mejor del pasado.



Práctica 6. Educación en 2050.

 PROTOCOLO ULTRÓN La primera vez que volví a un colegio en el año 2050, lo que más me llamó la atención no fueron las pantallas, ni los dron...