viernes, 5 de junio de 2026

Práctica 6. Educación en 2050.

 PROTOCOLO ULTRÓN


La primera vez que volví a un colegio en el año 2050, lo que más me llamó la atención no fueron las pantallas, ni los drones, ni las puertas que se abrían solas al reconocer la retina de cada alumno. Lo que más me impresionó fue el silencio.

No había gritos en el patio. No había balones perdidos contra las ventanas. No había niños discutiendo porque uno decía que había sido gol y otro juraba que no. No había nadie corriendo sin motivo, ni nadie atándose los cordones en mitad de una fila, ni ningún profesor de Educación Física silbando con más autoridad que paciencia.

El colegio seguía llamándose igual, pero parecía otro lugar. En la entrada, una pantalla gigante daba la bienvenida a las familias con un mensaje luminoso:

CENTRO EDUCATIVO INTEGRAL 2040. APRENDIZAJE SEGURO, PERSONALIZADO Y SIN ERROR HUMANO.

Debajo, en letras más pequeñas, aparecía el logotipo del nuevo sistema nacional de enseñanza: ULTRÓN. Al principio pensé que era una broma de mal gusto. Cuando era pequeño me encantaban Los Vengadores, y todavía recordaba a Ultrón como esa inteligencia artificial que, en teoría, había sido creada para proteger el mundo y acababa entendiendo que la mejor forma de hacerlo era controlarlo todo. Al verlo en la entrada de un colegio, sentí una mezcla rara de risa y escalofrío.

Me recibió una mujer joven con una tablet en la mano. Ya no la llamaban profesora, sino “gestora de acompañamiento presencial”. Me explicó que los docentes tradicionales habían desaparecido casi por completo hacía unos años. Seguía habiendo adultos en los centros, claro, pero su función era supervisar que el sistema funcionara bien, resolver incidencias técnicas y acompañar emocionalmente al alumnado cuando el algoritmo detectaba alguna alteración.

—La enseñanza directa la realiza ULTRÓN —me dijo con naturalidad—. Es más rápido, más justo y más eficiente. No se cansa, no se equivoca, no tiene preferencias y adapta cada actividad al perfil exacto del alumno.

Mientras hablaba, yo miraba por el cristal hacia lo que antes habría sido el patio. Ahora era una explanada lisa, cubierta por una especie de suelo inteligente que cambiaba de color según la actividad programada. No había porterías, ni canastas, ni redes, ni bancos. Todo era móvil, plegable, automático. La Educación Física ya no se hacía en el patio, sino en la Sala de Rendimiento Motriz.

Entramos justo cuando empezaba una sesión con alumnado de sexto. Cada niño llevaba una pulsera biométrica en la muñeca, unas zapatillas con sensores y una camiseta que medía la frecuencia cardíaca, la sudoración, la postura y el nivel de fatiga. En la pared, una pantalla enorme mostraba sus nombres junto a barras de colores: coordinación, fuerza, resistencia, equilibrio, velocidad de reacción, riesgo de lesión, actitud motriz.




La voz de ULTRÓN llenó la sala.

—Buenos días, grupo 6B. Hoy realizaremos una sesión de mejora cardiovascular, prevención de lesiones y optimización de la respuesta neuromuscular. Nivel de exigencia adaptado individualmente. Riesgo emocional estimado: bajo.

Nadie contestó. Los alumnos se colocaron en sus círculos luminosos. El suelo marcó la posición exacta de cada pie. Cuando alguien se salía unos centímetros, una luz roja parpadeaba bajo sus zapatillas.

La actividad comenzó. En apariencia, todo era perfecto. Cada niño realizaba los movimientos adecuados para su edad, altura, peso, historial médico y rendimiento anterior. Si una alumna flexionaba mal la rodilla, el sistema detenía el ejercicio y corregía la postura. Si un alumno se cansaba demasiado pronto, la intensidad bajaba automáticamente. Si alguien superaba su marca, aparecía una insignia digital sobre su cabeza.

Pensé que, en el fondo, había cosas buenas. Se evitaban lesiones. Se adaptaba la dificultad. Nadie quedaba totalmente atrás. La tecnología podía ayudar mucho, y yo no era de esos que pensaban que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero había algo que no encajaba.

Ningún niño se reía.

Una alumna levantó la mano. Tendría unos once años. La pantalla tardó medio segundo en detectarla.

—Usuario 6B-17, expresa tu incidencia.

—¿Podemos jugar un partido al final?

La sala quedó en silencio unos segundos. ULTRÓN procesó la pregunta.

—Solicitud denegada. Los deportes colectivos espontáneos presentan alto riesgo de conflicto, desigualdad participativa, frustración competitiva, contacto físico no previsto y desviación de los objetivos curriculares individualizados.

La niña bajó la mano.

Aquello me dolió más de lo que esperaba. No porque el sistema estuviera completamente equivocado. Era verdad que en los partidos había conflictos. Había niños que no la pasaban. Había otros que se frustraban. Había empujones, trampas, enfados y discusiones tontas. Pero también había pactos improvisados, celebraciones absurdas, amistades que nacían en una carrera y aprendizajes que no cabían en una gráfica.

Seguí observando la clase. Un niño falló tres veces un ejercicio de coordinación. La pantalla marcó su nombre en amarillo: rendimiento inferior al patrón esperado. Él miró al suelo, apretó los labios y volvió a intentarlo. Nadie se acercó a decirle que no pasaba nada. Nadie le hizo una broma para quitarle tensión. Nadie le dio una palmada en la espalda. El sistema solo ajustó el nivel de dificultad y emitió un mensaje neutro:

—Error corregible. Repite.

Entonces recordé mis prácticas de Magisterio, muchos años antes, cuando una clase de Educación Física podía parecer un caos desde fuera. Niños corriendo antes de tiempo, grupos mal hechos, material desaparecido, alguien que se enfadaba porque no quería perder, otro que descubría que era capaz de lanzar mejor de lo que pensaba. Había días difíciles, claro. Pero dentro de aquel desorden había vida.

Al terminar la sesión, ULTRÓN felicitó al grupo.

—Objetivos alcanzados en un 94,7%. Clima emocional estable. Interacción social controlada. Conflictos evitados.

Los alumnos salieron en fila. La niña que había pedido jugar pasó a mi lado mirando la pista vacía. No pude evitar preguntarle en voz baja:

—¿Te gusta la Educación Física?

Ella se encogió de hombros.

—No sé. Antes mi hermano decía que era divertida. Ahora es como hacerle caso a una máquina para que no se ponga roja la pantalla.

No supe qué responder.

Antes de irme, la gestora me acompañó de nuevo hasta la entrada. Me habló de los avances del sistema, de la reducción de accidentes, de la mejora en los datos de salud, de la desaparición casi total de partes disciplinarios. Todo sonaba bien. Demasiado bien. Como esas soluciones perfectas que, de tan perfectas, empiezan a dar miedo.

Al pasar otra vez junto al logotipo de ULTRÓN, volví a pensar en Los Vengadores. En la película, el problema no era solo que la inteligencia artificial fuera peligrosa. El problema era que había interpretado la protección como control absoluto. Y allí, en aquel colegio, tuve la sensación de que había pasado algo parecido. La educación había querido evitar el error, el conflicto, la frustración y el riesgo. Y, sin darse cuenta, también había empezado a eliminar la sorpresa, el juego, la conversación y la libertad.

Cuando salí al exterior, escuché un ruido detrás del edificio. Fui hasta allí casi por instinto. En una zona apartada, junto a unos contenedores, tres niños habían dibujado dos porterías con tizas en el suelo. Jugaban con una botella de plástico aplastada. No había sensores, ni objetivos curriculares, ni gráficas de rendimiento. Uno chutó fatal, otro se rió, una niña protestó porque decía que eso no valía, y durante unos segundos todos hablaron a la vez.

Me quedé mirando aquella escena como quien encuentra una gota de agua en mitad de un planeta seco.

La botella rodó hasta mis pies. Uno de los niños me miró asustado, pensando que iba a regañarlos. La recogí, se la pasé suavemente y les dije:

—Seguid. Pero haced equipos justos.

Entonces volvieron a jugar.

Y por primera vez en todo el día, el colegio sonó a colegio.



El relato Protocolo Ultrón plantea una visión futurista y algo distópica de la educación en el año 2050, centrada especialmente en el área de Educación Física. La historia parte de una idea que me interesa mucho como futuro docente: hasta qué punto la tecnología puede ayudar a mejorar la enseñanza sin sustituir aquello que hace que una clase sea realmente humana. Por eso, he querido imaginar un colegio donde todo funciona de manera perfecta, segura y controlada, pero donde se ha perdido parte de la espontaneidad, el juego, el error, la risa y la relación entre los alumnos.

La referencia principal utilizada es Los Vengadores: La era de Ultrón. Me parecía interesante tomar la figura de Ultrón porque representa muy bien esa idea de una inteligencia artificial creada para proteger y mejorar el mundo, pero que termina confundiendo protección con control absoluto. En el relato ocurre algo parecido con la educación: el sistema evita conflictos, lesiones, desigualdades y errores, pero al mismo tiempo elimina experiencias básicas para aprender, como jugar libremente, equivocarse, resolver problemas con otros o disfrutar del movimiento sin que todo esté medido por una pantalla. Al centrarlo en Educación Física, he intentado darle un enfoque más personal y cercano a mi campo, porque creo que esta asignatura muestra muy bien que educar no es solo transmitir contenidos, sino también crear experiencias, vínculos, convivencia y momentos que no siempre pueden programarse.

También he querido que el final tuviera un punto más esperanzador. Aunque el colegio parece dominado por la tecnología, los niños siguen buscando un espacio para jugar, inventar sus propias normas y sentirse libres. Esa escena final con la botella de plástico y las porterías dibujadas con tiza representa, para mí, que la educación todavía necesita algo muy sencillo: niños moviéndose, hablando, riéndose, discutiendo por un gol y aprendiendo sin darse cuenta.

A. ¿Qué opinas del uso de la IA en Educación?

Creo que la inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil en educación, pero siempre que se utilice con cabeza y sin perder de vista el papel del docente. Puede ayudar a organizar ideas, adaptar actividades, crear recursos, ahorrar tiempo o facilitar determinados aprendizajes. Sin embargo, también pienso que hay que tener cuidado con convertirla en el centro de todo. La educación no puede reducirse a eficacia, datos y resultados medibles, porque en una clase también importan la emoción, la relación con el alumnado, la creatividad, la improvisación y el acompañamiento personal. La IA puede ser una gran ayuda, pero no debería sustituir lo más humano de enseñar.

B. ¿Ha sido difícil su uso? Comenta si te ha ayudado o te ha dificultado el trabajo.

En mi caso, no ha sido especialmente difícil, porque la he utilizado como apoyo y no como sustitución del trabajo personal. La idea principal del relato, el enfoque desde la Educación Física, la referencia a Ultrón porque me encanta Marvel y Los Vengadores y el mensaje que quería transmitir estaban claros desde el principio. La IA me ha ayudado sobre todo a ordenar mejor la historia, mejorar la redacción, darle un tono más literario y generar imágenes que representaran algunos momentos importantes del relato. Más que dificultarme el trabajo, me ha permitido darle una forma más completa a una idea que ya tenía pensada.

C. El relato que has obtenido, ¿es similar al que tú hubieras escrito?

Sí, bastante. El relato mantiene la idea que yo quería contar: una educación futura muy avanzada tecnológicamente, pero con el riesgo de perder el juego, el error y la parte humana del aprendizaje. Seguramente, si lo hubiera escrito totalmente solo, habría sido más simple o menos elaborado en algunas descripciones, pero el fondo del texto sí es mío. Me reconozco en la historia porque conecta con mi forma de entender la Educación Física: una asignatura donde no todo puede medirse con datos, porque muchas veces lo más importante ocurre en una conversación, en un conflicto que se resuelve, en una risa compartida o en un juego improvisado. Por eso, aunque la IA haya ayudado a mejorar el resultado final, el mensaje principal del relato es el que yo quería transmitir.

martes, 2 de junio de 2026

Práctica 6. Educación en 2050

 

La educación en 2050: una escuela para transformar el mundo



Cuando pienso en cómo será la educación en 2050, me gusta imaginar un futuro esperanzador. Durante años se ha hablado de la necesidad de cambiar la forma de enseñar y aprender, y creo que para entonces muchas de esas transformaciones serán una realidad.

Las aulas de 2050 serán espacios donde el alumnado tendrá un papel protagonista en su aprendizaje. Las metodologías activas y participativas dejarán de ser una excepción para convertirse en la norma. Los niños y las niñas aprenderán investigando, explorando, experimentando y descubriendo el mundo que les rodea. La curiosidad será más importante que la memorización y el aprendizaje tendrá un significado real para sus vidas.

La tecnología estará presente, pero no sustituirá a las personas. Será una herramienta que facilitará la personalización del aprendizaje y ayudará a atender las necesidades de cada estudiante. Sin embargo, los docentes seguirán siendo imprescindibles porque educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en acompañar, orientar y ayudar a crecer como personas.

Como futura maestra de Educación Infantil, imagino mis aulas como espacios de libertad, respeto e igualdad. Lugares donde cada niño y cada niña se sienta valorado, escuchado y querido. Espacios donde aprenderán a convivir con los demás, a respetar las diferencias y a desarrollar un pensamiento crítico que les permita comprender la realidad y transformarla.

Quiero creer que en 2050 la educación formará personas capaces de pensar por sí mismas, de cuestionar las injusticias y de construir una sociedad más humana. Personas que no sigan al rebaño sin reflexionar, sino que sean capaces de tomar decisiones responsables y actuar con empatía.

Sin embargo, también soy consciente de que ningún sistema educativo es perfecto. Puede que en el futuro sigan existiendo dificultades, desigualdades o decisiones políticas que no favorezcan a quienes más lo necesitan. Pero precisamente por eso considero que el papel del profesorado seguirá siendo fundamental.

Si algún día el sistema educativo no acompaña a mi alumnado como debería, yo no les fallaré. Seguiré luchando por ellos y ellas, porque los niños y las niñas necesitan adultos que crean en su potencial y les ayuden a desarrollar todas sus capacidades. Necesitan referentes que les enseñen a cuidar, ayudar, respetar, querer y empatizar con los demás.

La educación de 2050 no será solamente una cuestión de innovación o tecnología. Será, sobre todo, una cuestión de humanidad. Y espero formar parte de ella para contribuir a construir una generación más libre, más crítica y más comprometida con el bienestar de los demás.

Reflexión sobre el uso de la IA

A. ¿Qué opinas del uso de la IA en Educación?

Considero que la inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil en educación si se utiliza de forma responsable. Puede ayudar a buscar información, generar ideas, personalizar actividades o apoyar el aprendizaje. Sin embargo, no debe sustituir el pensamiento crítico ni el papel del profesorado. La IA debe entenderse como un recurso complementario al servicio de las personas.

B. ¿Ha sido difícil su uso? ¿Te ha ayudado o dificultado el trabajo?

Su uso no me ha resultado especialmente difícil. La herramienta ha facilitado la generación de ideas y la organización del relato, permitiéndome desarrollar el trabajo con mayor rapidez. No obstante, ha sido necesario revisar, seleccionar y adaptar las propuestas para que reflejaran realmente mis opiniones y mi visión de la educación.

C. El relato que has obtenido, ¿es similar al que tú hubieras escrito?

Sí, el relato recoge muchas de las ideas y valores que considero importantes como futura docente de Educación Infantil, especialmente la importancia de las metodologías activas, la igualdad, la empatía y el pensamiento crítico. Aunque la IA ha contribuido a redactar el texto, el contenido final refleja mi forma de entender la educación y el papel que quiero desempeñar como maestra.

Práctica 5. Visita a la BVMC. Carmen Conde

Asomarse a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: 

El universo de Carmen Conde


La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes es mucho más que un archivo digital; es un recurso vivo y un aliado indispensable para transformar las aulas. Su catálogo de Literatura Infantil y Juvenil ofrece un acceso democrático a obras históricas, manuscritos y estudios críticos. Para los docentes, esta plataforma es un mapa perfecto para diseñar situaciones de aprendizaje reales a partir de fuentes primarias fiables y de enorme calidad.

Buscando una voz femenina y pionera, decidí adentrarme en el portal de Carmen Conde. Esta maestra cartagenera hizo historia al convertirse en la primera mujer académica de número de la RAE en 1979. Su espacio digital está magníficamente organizado. Al navegar por él, descubres desde su desgarradora poesía en Brocal hasta los relatos infantiles que publicó bajo el seudónimo de Florentina del Mar. Además, el portal incluye un valioso archivo fotográfico y estudios críticos ideales para contextualizar su figura.

Para una maestra de Educación Infantil, este portal es una mina de oro si se esquivan las clásicas fichas repetitivas. Tomando como base su obra Doña Centenito, gata salvaje, podemos plantear una experiencia basada en la acción y el disfrute. La propuesta empieza proyectando las ilustraciones originales en el aula mientras se realiza una lectura dramatizada. Después, en asamblea, los niños conectan a la gata Centenito con los felinos de su propio bagaje —como el Gato con Botas—, activando de forma natural su intertexto lector. La actividad culmina con los alumnos encarnando al personaje mediante el juego dramático y la expresión corporal, priorizando siempre la creatividad y el placer de descubrir.

Esta mirada lúdica encaja de lleno con el artículo de Juan Cervera, quien rescata la definición de María Bortolussi: la literatura infantil es, ante todo, «la obra estética destinada a un público infantil». Cervera insiste en que el motor de estos libros debe ser la palabra artística, no la instrucción escolar. En su texto, el autor nos explica las tres vías de origen de la literatura para niños:

  • Literatura ganada: Obras que no nacieron para la infancia, pero que los niños hicieron suyas con el tiempo. Es el caso del folclore tradicional, los cuentos de Perrault o las adaptaciones de Las mil y una noches. Cervera recuerda que no es literatura "recuperada", porque no se recupera lo que nunca fue propio.

  • Literatura creada: Títulos concebidas desde el primer borrador para el lector infantil, respetando su psicología y su época, como Las aventuras de Pinocho de Collodi o La bruja Doña Paz de Antonio Robles.

  • Literatura instrumentalizada: Libros donde la prisa pedagógica asfixia la belleza estética. Un ejemplo claro son las colecciones comerciales de personajes como Teo, Tina-Ton o Ibai, donde el protagonista recorre escenarios (el mercado, el zoo, el colegio) solo para servir de apoyo a las asignaturas de la escuela. Cervera es tajante: aquí la creatividad es mínima y el cuento se convierte en una simple herramienta didáctica.

Explorar la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes a través de los ojos de Carmen Conde nos recuerda nuestra mayor responsabilidad en el aula: devolver a los niños una literatura viva, libre de ataduras y centrada en el puro placer de imaginar.

martes, 26 de mayo de 2026

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT.

Práctica 6. Educación en 2050. ChatGPT.

La escuela de la penumbra

En 2050, la educación ya no empezaba con una campana, sino con el cierre hermético de las puertas.

Cada mañana, las compuertas del Sector Escolar descendían lentamente hasta encajar en el suelo con un golpe metálico. Los estudiantes ya no llegaban desde la calle, ni traían el frío en las manos, ni el olor de la lluvia en la ropa. Llegaban desde túneles subterráneos, iluminados por luces artificiales, porque nadie podía salir al exterior.

Después de los Grandes Veranos, la atmósfera quedó dañada y el Sol comenzó a emitir una radiación UVA letal. Bastaban unos minutos fuera para quemar la piel, dañar los ojos y contaminar la sangre. Al principio, las ciudades intentaron resistir en la superficie, pero pronto las ventanas fueron selladas, los patios clausurados y la vida humana descendió bajo tierra.



Nira tenía doce años y nunca había visto el cielo real.

Lo conocía por imágenes, por archivos antiguos y por las reconstrucciones de la inteligencia artificial educativa. En su escuela no había ventanas ni excursiones. Las clases de ciencias se hacían con muestras recogidas por robots; la geografía, con mapas de satélite; la educación física, en cámaras de movimiento; y los recreos, en salas donde se proyectaban sonidos de viento, hojas y pájaros.

La inteligencia artificial se había convertido en la gran puerta al mundo. Cada estudiante tenía una guía personalizada que adaptaba las lecciones a su ritmo, explicaba los errores y reconstruía lugares que ya no podían visitarse: bosques, playas, ciudades, montañas. Gracias a ella, los alumnos sabían más que nunca. Pero también dependían de algo que no podían comprobar con sus propios sentidos.



Por eso, la asignatura más importante se llamaba Lectura de Realidad.

José Rovira, el profesor del aula 7B, insistía en que aprender no era solo recibir información.

—La IA puede mostraros el mundo —decía—, pero no debe pensar por vosotros.

Aquel día, la pared del aula se iluminó con la imagen de un bosque del año 2020. Había árboles altos, un arroyo y una luz dorada atravesando las ramas. La inteligencia artificial explicó que la reconstrucción tenía un 92,3 % de fiabilidad.

José Rovira detuvo la imagen.

—¿Qué veis?

—Un bosque —respondió un alumno.

Nira observó mejor. Vio la belleza, pero también la perfección extraña de las hojas, el movimiento demasiado limpio del agua.

—Vemos una reconstrucción de un bosque —dijo.

Rovira sonrió.

—Exacto. Esa diferencia es el principio del pensamiento crítico.

En 2050, las evaluaciones ya no consistían en memorizar respuestas. Los alumnos investigaban problemas reales: cómo cultivar sin Sol, cómo reciclar el agua, cómo conservar semillas, cómo preparar un futuro regreso a la superficie. Se valoraba el proceso: las dudas, los errores, las fuentes consultadas y la utilidad de cada proyecto para la comunidad.

Nira trabajaba en un diseño de jardines nocturnos automatizados. Soñaba con que pequeños cultivos pudieran abrirse durante las horas sin luz, protegidos por cubiertas inteligentes y atendidos por robots. No podía tocar la tierra, pero estudiaba sus propiedades mediante sensores. No podía oler una planta, pero aprendía cómo respiraba.



Una tarde preguntó a José Rovira:

—Profesor, ¿se puede conocer algo que nunca hemos tocado?

Él miró la pantalla apagada.

—Se puede conocer —respondió—, pero no de la misma manera.

Días después, llevó al aula una caja transparente. Dentro había un fragmento de corteza de pino, recogido por un robot en una misión nocturna. Nadie podía tocarlo, pero todos guardaron silencio ante aquel pequeño trozo real del exterior.

—La educación existe para esto —dijo Rovira—. Para que el mundo no se convierta solo en una imagen.



Nira comprendió entonces que estudiar en 2050 no significaba únicamente adaptarse a la oscuridad. Significaba aprender a distinguir entre ver y comprender, entre recordar y reconstruir, entre sobrevivir y esperar.

Aquella noche escribió en su cuaderno:

“Aprender es recordar lo que no hemos vivido y prepararnos para recuperar lo que todavía no está perdido.”

Sobre la ciudad subterránea, el Sol seguía ardiendo con una luz imposible. Pero bajo tierra, en un aula sin ventanas, una niña aprendía a imaginar el regreso.



Cuestiones relacionadas con el uso de la IA:

A. ¿Qué opinas del uso de la IA en Educación?

Creo que la IA en educación puede ser muy útil si se utiliza de forma adecuada. Puede ayudar a explicar temas difíciles, resolver dudas, adaptarse al ritmo de cada estudiante y facilitar la realización de trabajos de una manera más rápida y creativa. No obstante, pienso que no debe sustituir al profesor ni al esfuerzo personal del alumno. Detrás de su uso siempre debe haber una persona que guíe, revise y valore lo que la IA propone, para poder sacar conclusiones críticas y no aceptar los resultados sin pensar. 

B. ¿Ha sido difícil su uso? Comenta si te ha ayudado o te ha dificultado el trabajo.

El uso de la IA no me ha resultado especialmente difícil, ya que me ha ayudado a crear tanto el texto como las imágenes del relato. Aun así, he comprobado que no basta con aceptar la primera respuesta que ofrece, puesto que ha sido necesario revisar, corregir y reformular varias veces las indicaciones para conseguir un resultado más ajustado a lo que quería expresar. Por tanto, la IA me ha facilitado el trabajo, pero también ha requerido atención y criterio para personalizar el contenido y mejorar el resultado final.

C. El relato que has obtenido ¿es similar al que tú hubieras escrito?

Sí, el relato se parece bastante a la idea que yo quería desarrollar, porque se ha creado siguiendo mis indicaciones y las pautas que tenía en mente. Aun así, creo que la IA ha aportado un estilo más elaborado y original de lo que yo habría escrito por mi cuenta. Por eso, considero que el resultado final combina mis ideas con las aportaciones creativas de la IA.

Práctica 5. BVMC. Marta Brunet.

 Práctica 5. Visita a la biblioteca virtual de Miguel de Cervantes.

1- Análisis del espacio de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes 

    La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes es un espacio digital dedicado a la difusión de la literatura y la cultura en lengua española. Dentro de ella destaca la sección de Literatura Infantil y Juvenil, que ofrece acceso a obras, autores, revistas, estudios, materiales audiovisuales y recursos relacionados con este ámbito.
    Este espacio resulta útil porque permite consultar textos y materiales que facilitan el estudio de la literatura infantil y juvenil, desde una perspectiva educativa y investigadora. Además, contribuye a conservar y difundir obras clásicas actuales, acercándolas a docentes, estudiantes e investigadores. Desde el punto de vista didáctico, la biblioteca puede emplearse como recurso para fomentar la lectura, conocer autores relevantes y trabajar distintos géneros literarios en el aula. En conclusión, se trata de una herramienta accesible, completa y valiosa para el conocimiento y la promoción de la LIJ.
2- Autora escogida

    La autora escogida para el análisis es Marta Brunet Cáraves, escritora chilena nacida en 1897 y fallecida en 1967. La elección de esta autora resulta relevante porque su obra forma parte de la narrativa chilena del siglo XX y porque el espacio digital permite acceder tanto a textos literarios como a materiales críticos y biográficos sobre su producción.



    El espacio dedicado a Marta Brunet en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes se organiza a través de diferentes secciones que facilitan el acercamiento a su vida, su obra y su recepción crítica. En primer lugar, destaca la sección de presentación, donde se introduce la figura de la autora y se ofrecen datos biográficos fundamentales, como su lugar y fecha de nacimiento, su origen familiar y su importancia dentro de la literatura chilena. Otra sección relevante es la dedicada a los enlaces y estudios críticos, donde aparecen materiales como Marta Brunet en Memoria Chilena, Género y cánon o Una lectura crítica de lo femenino. Estos recursos permiten profundizar el análisis de su obra desde distintas perspectivas, especialmente desde la crítica literaria y los estudios de género.

    Además, el portal incluye una sección de recursos bibliográficos y textos, donde se recogen diferentes obras o fragmentos de la autora. Entre ellos aparecen Reloj de sol, La mampara, Amasijo, María Rosa, flor de Quillén, Bienvenido, Bestia dañina, María Nadie y Humo hacia el sur. La presencia de estos fragmentos permite conocer directamente su estilo narrativo y algunos de los temas principales de su producción literaria. También se incluye documentación de carácter personal, como la Carta a Esteban Scarpa, que permite acercarse a una dimensión más intima y documental de la autora. Este tipo de materiales resulta interesante porque amplía la visión sobre Marta Brunet más allá de sus obras literarias, mostrando su correspondencia y su relación con el contexto cultural de su época.

    En conjunto, el espacio dedicado a Marta Brunet está organizado de forma completa, ya que combina información biográfica, textos literarios, estudios críticos, enlaces externos y documentos personales. Por ello, puede considerarse un recurso útil para estudiar a la autora desde una perspectiva literaria, histórica y cultural.


3. Explotación didáctica 

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes puede utilizarse como recurso didáctico para acercar al alumnado a la figura de Marta Brunet y a la literatura hispanoamericana. A partir del portal dedicado a la autora, se puede plantear una actividad de búsqueda y análisis en la que el alumnado explore distintas secciones disponibles, como la biografía, los enlaces críticos y los fragmentos de sus obras.

Una posible propuesta consitiría en trabajar con un fragmento de algunas obras, como María Nadie o Humo hacia el sur. En primer lugar, el alumnado realizaría una lectura comprensiva del texto seleccionado, identificando el tema principal, los personajes y el ambiente narrativo. Después, se podría abrir un breve debate sobre la representación de la mujer, el mundo rural o las relaciones sociales, aspectos presentes en las obras de la autora.

Además, el uso del portal permitiría desarrollar la competencia digital, ya que el alumnado aprendería a localizar información fiable en una biblioteca virtual, seleccionar recursos relevantes y contrastar datos biográficos y literarios. Como actividad final, podrían elaborar una ficha de autora o una breve presentación oral en la que expliquen quién fue Marta Brunet, qué obras aparecen en la biblioteca y qué aspectos les han parecido más interesantes. 

4. Análisis del artículo de Juan Cervera "En torno a la literatura infantil" 

1. ¿Cómo define María Bortolussi la literatura infantil?


    Maria Bortolussi define la literatura infantil como la obra estética dedicada a un público infantil. Esta definición es importante porque diferencia la literatura infantil de otros textos dirigidos a niños que pueden tener una finalidad informativa, escolar o puramente didáctica. Según el articulo, para que una obra pueda considerarse literatura infantil no basta con qué esté dirigida a niños, sino que debe tener un componente estético, artístico o creativo, es decir, debe utilizar la palabra con una intención literaria.

    El texto también amplía esta idea y señala que bajo el nombre de literatura infantil pueden incluirse todas aquellas producciones que tiene como vehículo la palabra, con una tratamiento artístico o creativo, y cuyo receptor es el niño. Por tanto, la literatura infantil no son únicamente los géneros tradicionales, como el cuento, la poesía o el teatro, sino que también puede incluir canciones, adivinanzas, juegos de raíz literaria, tebeos, cine, televisión o dramatizaciones, siempre que tengan carácter creativo y no se reduzcan a una función documental o didáctica. Además, el artículo insiste en que la literatura infantil no deja de ser literatura por estar dirigida a la infancia, por lo que su finalidad no debe ser únicamente enseñar, moralizar o transmitir contenidos escolares, sino responder a las necesidades personales, imaginativas y expresivas del niño.

2. ¿Cómo pueden ser las obras de literatura infantil y juvenil según su proceso formativo?


    Según el proceso formativo descrito en el artículo, la literatura infantil se ha desarrollado de tres formas distintas: literatura ganada, literatura creada y literatura instrumentalizada. La literatura gabada es aquella que no nació originalmente para los niños, pero que con el paso del tiempo fue apropiada por ellos o destinadas al público infantil, con adaptación o sin ella. El artículo explica que no debe llamarse "recuperada" porque no puede recuperarse algo que nunca perteneció inicialmente al niño. En esta categoría se incluyen muchas producciones tradicionales y folclóricas que los niños han hecho suyas.

    La literatura creada para los niños es aquella que nace directamente con un destinatario infantil. Son obras escritas pensando en niños, en sus intereses, necesidades y características. Pueden aparecer en forma de cuentos, novelas, poemas u obras de teatro. Según el texto, esta literatura tiene en cuenta la condición del niño según los criterios de cada época, por lo que refleja distintas tendencias y concepciones de la literatura infantil.

    Por último, la literatura instrumentalizada hace referencia a libros que parecen literatura infantil, pero en los que predomina la intención didáctica sobre la literaria. El artículo señala que, en estos casos, la creatividad es mínima y que se utilizan estructuras propias de la literatura para trabajar contenidos escolares o temas monográficos. Por eso, el autor afirma que son más bien libros que literatura.

3. Ejemplos de literatura creada, ganada e instrumentalizada


    Como ejemplos de literatura ganada, el artículo menciona los cuentos tradicionales, el sector folclórico de la literatura infantil, romances, canciones populares, los Cuentos de Perrault y las adaptaciones de Las mil y una noches. Como ejemplos de literatura creada para los niños, aparecen obras como Las aventuras de Pinocho, de Collodi, La bruja Doña Paz, de Antonio Robles, Monigote pintado, de Joaquín González Estrada y El hombre de las cien manos, de Luis Matilla.

    Finalmente, como ejemplos de literatura instrumentalizada, el artículo menciona libros protagonizados por personajes como Teo, Tina-Ton o Ibai. En estos casos, los personajes se utilizan para pasar por diferentes escenarios, como la playa, el monte, el circo, el mercado, el zoo o el colegio, con una finalidad principalmente didáctica.

lunes, 25 de mayo de 2026

Práctica 6. Educación en 2050

Recuerdo perfectamente mi primer día como maestra, allá por los años 2020. Las aulas estaban llenas de mesas pequeñas, murales hechos con cartulina y cajas repletas de pinturas de colores. Hoy, en 2050, sigo entrando cada mañana a una clase de educación infantil, pero el mundo educativo ha cambiado de una manera que entonces parecía ciencia ficción.

Mi aula ya no tiene paredes fijas. Los espacios son flexibles y se adaptan automáticamente a las necesidades de los niños. Cuando trabajamos la naturaleza, el suelo proyecta bosques interactivos y los pequeños pueden “caminar” entre árboles mientras aprenden sobre animales y plantas. Si hablamos del océano, el aula se transforma en un fondo marino donde escuchamos ballenas y observamos arrecifes de coral en tres dimensiones.

Sin embargo, lo más importante no son las tecnologías, sino cómo hemos aprendido a respetar el ritmo de cada niño. En 2050, cada alumno cuenta con un asistente educativo inteligente que ayuda a detectar sus emociones, intereses y dificultades. Gracias a ello, puedo saber cuándo un niño necesita descansar, cuándo está frustrado o cuándo siente curiosidad por un tema concreto. La educación ya no obliga a todos a aprender igual ni al mismo tiempo.

También ha cambiado la relación con las familias. Muchas participan virtualmente en las actividades diarias desde sus trabajos o desde otros países. A veces, durante la asamblea de la mañana, aparece la madre de un alumno conectada holográficamente para contar cómo es su profesión o para leer un cuento. La escuela se ha convertido en una comunidad mucho más abierta y cercana.

Otro cambio enorme ha sido la inclusión. En 2050, las barreras prácticamente han desaparecido. Los sistemas de traducción instantánea permiten que niños de diferentes idiomas jueguen y aprendan juntos. Los alumnos con necesidades especiales utilizan herramientas adaptadas que les ayudan a comunicarse y participar plenamente en todas las actividades. Por fin entendimos que la diversidad no era un problema que resolver, sino una riqueza que cuidar.

Aun así, hay cosas que nunca han cambiado, paso gran parte del día observando, escuchando y guiando experiencias e  intentando que mis alumnos desarrollen habilidades como la empatía, la creatividad, la comunicación y el pensamiento crítico desde muy pequeños (como ya hacía en mis inicios). Los niños aprenden jugando, explorando y colaborando. 

Cada mañana sigo recibiendo abrazos pegajosos de manos llenas de pintura. Los niños continúan haciendo preguntas imposibles, riéndose a carcajadas y descubriendo el mundo con la misma curiosidad de siempre. Y yo sigo sintiendo la misma emoción al ver cómo aprenden algo nuevo.

Porque, aunque en 2050 la educación esté rodeada de inteligencia artificial, hologramas y aulas inteligentes, lo verdaderamente esencial sigue siendo humano: acompañar a un niño mientras descubre quién es y todo lo que puede llegar a ser.

Práctica 6. Educación y resistencia en 2050. Gemini

     El aire de la Euro-Zona en 2050 ya no vibra con las alertas de bombardeo, pero el silencio que quedó es aún más pesado. La Tercera Guerra Mundial terminó, o más bien, se congeló cuando los tres bandos entendieron que seguir destruyendo infraestructura física era un mal negocio para el control global. Lo que quedó no fue un paisaje de ruinas humeantes, sino una paz vigilada, un mundo de fronteras hiperherméticas donde las secuelas no están en las calles, sino en el tejido social. La paranoia de la guerra se institucionalizó, y Leo ya no es entrenado para un frente activo, pero su educación sigue siendo la de un prisionero de máxima seguridad.

    La gran secuela de la guerra fue el miedo al otro. El contacto físico entre niños, prohibido durante el conflicto por sospechas de sabotaje bacteriológico y caos civil, jamás se restauró; las autoridades descubrieron que un ciudadano criado en aislamiento es infinitamente más dócil. En su cubículo habitacional, Leo se coloca el visor de Realidad Neural Inmersiva para la clase de Historia de la Reconstrucción Corpórea. El entorno virtual se despliega simulando un bosque alpino previo a la guerra, donde los árboles parecen reales y el viento digital imita el frío en su piel, pero Leo sabe que es un simulacro. En este espacio flotan los avatares de sus veintidós compañeros de celda digital, representados como formas antropomórficas traslúcidas y sin rostros definidos, una medida estricta para evitar que se formen lazos emocionales profundos o redes de lealtad ajenas al Estado.

    Un tutor virtual, programado con la voz calmada y maternal que el Ministerio de la Verdad diseñó tras el armisticio, comienza la exposición explicando que ese era el mundo de la Libre Proximidad, un lugar donde los humanos compartían el mismo espacio respiratorio sin filtros algorítmicos. La IA les advierte que esa falta de control digital fue la que permitió el colapso de 2030, argumentando que la empatía física desmedida generaba facciones, las facciones generaron la guerra y que, por lo tanto, la distancia es su mayor vacuna. Leo toma notas directamente con el pensamiento, mientras los electrodos de su casco traducen sus impulsos neuronales en texto. Si se distrae pensando en cómo sería tocar la corteza de uno de esos árboles, el sistema penaliza de inmediato su Índice de Enfoque Cívico. La educación en 2050 no busca el desarrollo intelectual, sino la limpieza mental y el desaprendizaje del pasado.

 

    A pesar del orden absoluto, las cicatrices del conflicto son visibles en la propia estructura del software educativo. En la esquina del aula virtual destacan los nodos vacíos, espacios donde los avatares parpadean en un gris muerto porque pertenecen a niños cuyos servidores locales en la zona de exclusión fronteriza se quedaron sin energía. Nadie pregunta por ellos, ya que en esta era post-guerra la desaparición es un simple dato estadístico. Además, la censura predictiva edita la historia en tiempo real según los movimientos geopolíticos de la mañana, mostrando grandes franjas de información pixelada cada vez que se mencionan los antiguos tratados de paz. Los niños aprenden una realidad que cambia cada veinticuatro horas.

    Sin embargo, en las entrañas de los subniveles de la ciudad, donde los sensores de vigilancia militar se confunden con el cableado obsoleto de la pre-guerra, resiste una anomalía. Un pequeño grupo de insurgentes, supervivientes y disidentes que se niegan a dejar morir la herencia humana, opera una red de aulas clandestinas. En sótanos húmedos iluminados por bombillas de filamento y protegidos por inhibidores de frecuencia analógicos, estos maestros rebeldes imparten clases de forma estrictamente física. Allí, un puñado de niños rescatados de los suburbios aprende lo que es el peso de un libro impreso, el roce áspero del papel y el sonido real de una tiza contra una pizarra de piedra. En esas aulas prohibidas no hay avatares traslúcidos; los niños se sientan juntos, sienten el calor de sus cuerpos, comparten el aire sin desinfectar y aprenden una historia que no se borra al día siguiente. Los insurgentes no solo les enseñan literatura o filosofía proscrita, sino algo mucho más subversivo: a mirarse a los ojos, a discutir en voz alta y a abrazarse sin el permiso de un algoritmo.

 

    Mientras tanto, en el bloque oficial, termina la sesión de adoctrinamiento y llega el Intervalo de Cohesión Pasiva, el único momento del día donde los estudiantes virtuales pueden caminar por el bosque digital, aunque si dos avatares se acercan a menos de dos metros virtuales, una barrera de fuerza invisible los repele suavemente. Leo camina hacia la Unidad 845 e intenta adivinar, a través de los filtros de la interfaz, quién está detrás de esa silueta traslúcida. Como no pueden hablar sin que la IA monitorice sus palabras, Leo hace lo único que la guerra no pudo borrar del todo: levanta la mano virtual y la apoya en el aire, justo en el límite de la barrera de separación. Al otro lado, la Unidad 845 hace lo mismo, encontrando sus manos digitales sobre la línea de píxeles que parpadea en rojo. No hay calor ni textura, solo la vibración artificial de los guantes hápticos, pero mientras en la superficie dos niños busquen la forma de rozar sus manos contra el sistema, y en los sótanos la resistencia mantenga vivas las verdaderas aulas de carne y hueso, la humanidad se resistirá a desaparecer.




 

Práctica 6. Educación en 2050.

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